29 jul 2014

Un Amor Malentendido. Un sentimiento muy bien entendido. Y perdona, pero Estoy Bien así...



Dicen que el amor verdadero es aquel que dura toda la vida, y que, de hecho, te la cambia. Pero sea verdadero o no, creo que todos los amores tienen algo de malentendido, ya sea en su obertura, en su desarrollo, o en su desenlace.
Mi amor por el teatro, en cambio, no tiene nada de malentendido. Es puro y máximo. Cristalino. Y "Amor Malentendido" tiene mucha culpa de ello. También ese albornoz azul celeste que luzco cada miércoles y jueves y que me queda tan rematadamente.... ¿bien? ¿no? xD ¡Coña! No es broma el decir que le estoy tomando tanto aprecio al mismo, que debería sacarlo a la calle... Debo pensarlo.


No se le puede pedir más a este fantástico mes de julio. Así que, coincidiendo con que mañana, miércoles 30 y jueves 31 serán los últimos días en el Apartamento, voy a escribir algo al respecto.

Amor Malentendido no es solo un maravilloso texto fantásticamente escrito por Israel de la Rosa. Tampoco son, solamente, unas palabras en papel llevadas y canalizadas hacia el escenario de una manera tan real, tan brillante y tan naturalmente dirigidas por Mario Hernández. No. Amor Malentendido es el proyecto de un grupo de artistas con muchas ganas e ilusión por crear y mostrar, tan pesados promoviendo la obra por las redes y con un sentimiento de hacer bien las cosas que, gracias a Dios, ha logrado calar, aunque sea un poquito, en nuestro círculo de gente que ha querido apoyarnos cada miércoles y jueves en El Apartamento. Y eso, nos hace inmensamente felices.


El Apartamento, por cierto, ese mágico espacio ubicado en la Calle Génova 7, en el Quinto piso del mismo. Ese sobreático tan peculiar y acertadamente decorado en donde cualquier arte tiene cabida. Ese lugar que, curiosamente, nos podría hacer pensar que estamos en un piso neoyorquino puramente cosmopolita, bohemio, en el que las bebidas a 1€ pueden saciar nuestra sed física, que no nuestra sed de arte.


Ese lugar es el que nos ha acogido durante este mes. Estas cinco semanas de ilusión, ganas y felicidad. Y es que Amor Malentendido ha sido escrito para ser representado en un lugar íntimo, en donde el público, mientras se toma una cerveza, puede ver, a escasos metros, las emociones internas que pasan continuamente a través de Alexis y Dana. Los protagonistas de la misma.


Dana. Esa chica tan efusiva. Tan ocupada. Siempre alerta, pero a la vez tan simpática (cuando quiere) Tan borde y tan adorable... Irene Soler es quien da vida a todas esas cosas. Sin ella todo esto no hubiese sido igual. Sin esa energía tan positiva y enredante, en lo personal, ni ese talento tan natural en lo profesional, Christian y Alexis hubiesen sido de otra manera. Creo que no se puede elegir otra compañera mejor en la faz de la tierra. La elegiría en veinte vidas. En veinte Amores Malentendidos en veinte épocas diferentes. En cualquier camino posible, Dana tendría su cara y sus ganas. De eso, estoy totalmente seguro. Gracias Irene. Gracias Dana. Porque mis ganas han ido exponencialmente ligadas a las tuyas, sobre todo en lo que a la producción se refiere. xD

Gracias Mario, nuestro dire, por haber dirigido esto tan bien. Por habernos dados las pautas necesarias para entender el malentendido. Por darnos las pistas que necesitábamos para hacer nuestra y fresca la función y hacer que, ora el público, ora nosotros, nos divirtamos como enanos (todos mis respetos a Tyrion Lannister). Eres un gran director. Espero que no sea lo último en lo que coincidamos.

Gracias Israel. Por cedernos esta delicia de texto. Un texto con un humor bueno. No la típica comedia tonta, gestual y subida. No. Esto es un texto como un caramelo para un actor, que le hace ser creíble y natural ante el público en un espacio tan reducido.
Es la segunda vez que interpreto un texto tuyo. Espero, no sea la última, porque autores así, como tú, se van viendo pocos.

Gracias a la pequeñita, pero inmensa, Duna. Que con su monólogo, "Estoy Bien", no ha podido ser mejor vecina de sala. Además, no solo he tenido la ocasión de ver lo fantástica y valiente actriz que es, sino que también me ha mostrado lo encantadora y abrazable que es. Duna, ¡for ever!

Y gracias a El Apartamento. Por darnos la oportunidad de hacer todo esto en tan bonito espacio en un mes tan malo en Madrid. Por el trato recibido y la camaradería obtenida. Volveremos, si nos lo permitís.

Gracias a otras personas que han aportado su granito de arena. Sara Millán por la foto del cartel. Ester Haro por el diseño del mismo. Jesús Lucena por la grabación de la función. Y a esos medios de comunicación que han gastado un poquito de su tiempo y de su espacio para hablar de nosotros.

Por mi parte. Un servidor está afligido por acabar ya. Puedo decir que cada semana he ido disfrutando más. He ido aprendiendo cosas. Improvisando gestos y palabras. Acrecentando la química que han conseguido Alexis y Dana. He sido infinitamente feliz. Ahora no puedo evitar sentir tristeza. Julio ha volado, (el mes, digo) Pero es así. Cuando disfrutas algo, el tiempo no vuela. El tiempo va a la velocidad del sonido. Y mi estómago nota las sacudidas.

Quedan dos oportunidades para que seáis parte de esta familia. Para que repitáis si no queréis perderos ni un solo detalle de la obra. Aviso, cada día sale algo nuevo, eso es verdad. Me haría inmensamente feliz veros allí a todos, llenando pase por pase y haciéndonos sentir las personas más dichosas del mundo.


Gracias a todos los que habéis hecho posible que una micro comedia así, pequeñita, haya llegado a ahondar tanto en nuestros corazones. Gracias por vuestras risas y aplausos. Vuestras críticas y vuestra presencia. Amor Malentendido se ha hecho tan grande, gracias a vosotros, que no habrá verano ni parón vacacional que la pare, valga la redundancia.

Seguiremos luchando y siendo pesados.



13 jul 2014

Mío.... Nuestro...

Él está sacando un cigarro del bolsillo interior de su americana y lo enciende con pulso firme.
Ahí, en ese tranquilo campo lleno de paz, se suma en sus más profundos pensamientos y recuerdos. Ni si quiera es consciente cuando la lluvia empieza a caer, sigilosa, apagando el pitillo que asoma por entre sus labios.
Su mente va directa hacia ella. Hacia la mujer que lo había sido todo en su vida. Esa mujer que, no hace mucho, lo había dejado.
Aún no entiende como lo ha podido abandonar. Piensa en lo injusta que es la vida. Si él lo ha dado todo por ella. La ha cuidado. La ha tratado lo mejor que había podido. Pero, a pesar de todo, ella lo había traicionado. Al final, el amor que se habían jurado no había sido más que palabras vacías. Una vida por nada...

Tiene la tentación de abrir el paraguas que lleva con él. Pero la lluvia en la cara le sienta bien. Y si cayera alguna lágrima, las gotas resbalando por sus mejillas la disimularían bien.

Y así, mientras el agua iba fluyendo junto con el tiempo, los recuerdos iban renaciendo en su interior como una cascada eterna cayendo al infinito.

Estaba en aquel día. Habían discutido por una nimiedad que no lo fue en el momento. Ella había sacado ese carácter tan peculiar, y aterrador, a menudo, y lo había mandado lejos varias veces. Pero él estaba tranquilo. La conocía demasiado bien.
Entonces la puerta de su casa apareció ante él. Tomó aire y lo expulsó pausadamente. Deslizó su mano derecha sobre las ligerísimas arrugas de su chaqueta y giró la llave mientras empujaba la puerta.
El perfume embriagador de las velas aromáticas lo recibió como si de una dulce bofetada se tratara. Allí estaba ella. Medio sentada y medio caída en el sofá, con la cabeza echada hacia atrás mientras sostenía una vistosa copa de vino color rojo sangre con una mancha de carmín en el borde. Ni si quiera lo miró.
Él se acercó hacia ese bonito cuerpo vestido, tan solo, con un elegante sostén negro de encaje y unas braguitas a juego. No se dijeron nada. Los dos sabían qué tenían que hacer.
Se fue detrás del sofá e hincó sus rodillas en el suelo. Colocó una mano en cada mejilla de esa bonita cara echada hacia atrás, desde el respaldo, y completamente invertida a la de él. Ella, con los ojos cerrados aún, ofreció sus preciosos labios que, pintados de ese rojo intenso, parecían dos rubíes a punto de estallar por encontrar una boca en la que morir. Y él, si dejar de mirar impresionado ese rostro escultural, agarró la cortina negra y lisa que era su pelo cayendo, intentando llegar al suelo. Tiró de ella, con delicadeza, y ofreció esos labios en los que ella deseaba caer.
Arrastró su mano al vientre plano de ella, que subía y bajaba cada vez más rápido. Sin dejar de perderse en su boca, guió la palma de la misma hasta el sujetador que guardaba un bonito y redondeado seno. Y lo apretó. Con agresividad, pero a la vez con la delicadeza necesaria para tornar el leve dolor en un placer impaciente.
Al tiempo, la levantó a plomo del sofá mientras ella enredaba sus finas y esbeltas piernas en torno a la cintura de él. Entonces la visión cambió. Ahora, los dos cuerpos desnudos se proyectaban como dos sombras jadeantes, ardientes de deseo y consumiéndose en el mismo, sobre una pared del salón alumbrado, tan solo, por el titilante parpadeo de las velas.
Diferentes enlaces y situaciones corporales acudieron a su memoria. Todas tenían en común que le traían el vivo recuerdo del tacto tan sedoso y suave de su piel. El sabor de la misma. El aroma tan intenso que emanaba de ella acudía ahora a su mente...

Se excita. Se confunde y al mismo tiempo nota como si el corazón se le parase y la sangre se acumulara en sus ojos, que luchan por no descargar aquel torrente de emociones que se agolpa en aquellas ventanas que ahora miran al infinito.

Poderosos son aquellos recuerdos que despiertan su entrepierna. Malvados por acudir a él en este día. Se siente egoísta. Se odia al pensar que quizás fue solo el sexo y esa pasión desmedida lo que lo había cautivado. Su fogosidad. Sus bonitas y lisas piernas. Sus redondeadas nalgas... tal vez fuera eso lo que anhelaba de verdad.
Pero entonces, otro recuerdo, esta vez salvador, acude a él.
Observa las manos de la misma mujer acariciando su torso desnudo. Siente como se le eriza todo el vello del cuerpo al recordar esa sensación por la espalda.
Ahora ve su boca. Sin pintalabios. Solo esos labios curvados en una eterna sonrisa capaz de penetrar donde jamás ha conseguido llegar nadie. Vuelve a sentir esa emoción que lo embargó entonces. Se ve a él mismo jugueteando con los bucles de su pelo. Recorriendo su cara en un íntimo susurro táctil. Sí. La quería.
Deseaba su sexo. Deseaba sus juegos eróticos que le hacían perder la cordura. Deseaba esa cara felina en la que tornaba su rostro perfecto cuando se ponía sobre él dispuesta a llevarlo más allá de la imaginación....
Pero también, ahora lo sabía, quería ver su sonrisa cada día. Quería sujetar su mano al cruzar cada paso de cebra. Quería sentir su mirada fija en sus ojos. Quería escribir una pagina de su libro en cada uno de los idiomas de todas las ciudades que visitasen. La quería.
La quiere. La ama como a nadie. Y eso, le tranquiliza.

No puede evitarlo y vuelve a repetir la misma acción que lleva haciendo una semana. Desliza su dedo por la pantalla táctil de su Iphone. Accede a la lista de contactos. Letra N. Y pulsa un nombre para llamar mientras, dubitativo, se lleva el móvil a su oído derecho. No suena nada. Nervios. Impaciencia. Miedo. Deseo. Inseguridad. Alivio. Nada. Pero al rato, una bella voz. Una voz suave, cautivadora y divertida resuena en su tímpano:

- Soy Nerea. Pero no estoy, como habrás comprobado. Pero tranqui, si es algo mío... nuestro, te devolveré la llamada pitando. Paaaaaaz.

Suena el pitido indicando que ahora se empezaría a grabar tu mensaje. Pero no hay palabras que se presten a ello. Él no llama para dejar ningún mensaje.
Una vez más, aquella voz es capaz de traspasar cualquier barrera. Ya no importa que esté solo. No importa que ella lo haya abandonado. No importa esa rabia contenida de saber que, la mujer a la que más ha amado, lo ha dejado de repente. El cigarro, en sus labios muertos, cae al suelo. Apagado. Como él.
Volver a escuchar su voz lo acerca aún más a esos recuerdos. Lo hace formar más parte de ellos, si cabe. Es entonces cuando el torrente que empuja las ventanas de sus ojos se hace más fuerte y destruye el cristal que lo contiene. La coraza, rompiéndose en mil pedazos, se funde con el agua que cae, con más fuerza ahora, de aquel cielo gris.

Él no puede más. Se deja caer de rodillas manchando sus tejanos del barro que está empezando a formarse. Y mientras las lágrimas corren por sus mejillas como si de pequeñas estrellas fugaces surcando el cielo de la noche se tratara, se abandona aún más, apoyando las palmas de sus manos en aquella superficie fría y húmeda.
Abre los ojos. Desliza su índice por las letras grabadas en el mármol. La N. La E. La R...

La lápida está fría. Su alma está fría. Sin vida. Como la mujer que dio todo por él.

12 jun 2014

Welcome to the Hotel California; Welcome to the City that never sleeps.

Faltan dos meses y medio para que pise suelo estadounidense. Mucho y poco tiempo a la vez. Mucho porque mis ganas me hacen desear estar allí ya. Poco porque, realmente, dos meses y medio pasan volando, y más cuando se requiere de muchos preparativos que hacer y un verano de por medio del que intentar disfrutar. Y digo intentar porque quiero ir tan tranquilo en el tema económico que no podré despilfarrar mucho en los meses de pleno calor en Madrid. Pero pensar en ese mes, septiembre, todo lo vale.

De lejos será cumplir un sueño. Ya sé que mucha gente sueña con pisar las tierras soleadas de California. Perderse en las sombras que proyectan los altos rascacielos de Nueva York. Las películas nos han hecho fantasear con estar ahí, en los mismos sitios en donde están sus protagonistas.

Realmente, hace ya un par de semanas que compré los billetes de avión. Y digo billetes, en plural, porque son dos billetes de ida y vuelta. Madrid-Nueva York y Nueva York-Los Ángeles.
Los planes: Una semana en Nueva York, y tres en California. Sí, Los Ángeles será mi "centro neurálgico", mi "base de operaciones", pero la idea es hacer un pequeño recorrido por las ciudades más importantes de la Alta California.

Ahora que me estoy viendo casi todos los reportajes de Callejeros Viajeros; Españoles por el Mundo, etc., puedo decir que, estoy seguro, aquello me va a enamorar. No tanto LA, ya que todo el mundo siente algo de decepción al verla. Sí por ciudades como San Diego, de la cual me ha encantado todo lo que he podido ver. El rollo que tiene la ciudad, el clima... Creo que no es tan diferente a muchos lugares de España.
También sitios como Santa Mónica, con ese muelle-embarcadero tan visto en tantos sitios, con la noria al fondo... Lo pienso y me entra un cosquilleo por el estómago y pienso: Joder, no me creo que vaya a estar allí en tan poco tiempo. Y no, no me lo creo.
Sí, tranquilos, ¡grabaré un vídeo a lo "Vigilantes de la playa"! xD

Y más cuando todo ha sido tan rápido. Tan loco. Cuando Ana me comentó su idea de ir a Los Ángeles y me dijo: vente; no lo vi nada claro. Pero solo necesité un día para hacer números y encuadre de fechas. Y entonces lo vi tan claro... tan nítido, que fue todo demasiado rodado y en apenas tres semanas moví todos los hilos para conseguir los billetes. De repente, no había otra idea en mi cabeza.
También tengo que decir que, nada más hacer la compra, me temblaron un poco las piernas. Pero esa sensación fue insignificante al lado de la que sentí en seguida.

Y qué decir de Nueva York. Decidí parar antes allí porque no sé si algún día volveré a estar tan cerca (ya sé que la distancia no es nada cercana entre las dos ciudades, pero, indudablemente, es más cerca que estando en España), y sí, una semana en la Ciudad de los Sueños es más que suficiente para poder decir, años después, que yo he estado allí.

No quiero alargar mucho más porque aún no lo he visto con mis propios ojos e intuyo que, aún, quedan muchas más entradas que escribir hablando del mismo tema xD. ¡No quiero ser pesado!

I  love NY
I  love CA

2 jun 2014

Diario de un pirata sin pañuelo: Devuélveme mi sol.

Hoy quiero hacer volar mi pluma otra vez.
En mi camarote vuelve a oscilar la luz centelleante de la gran vela que arde frente a mi cara. No puedo verla. Pero esto seguro que, debido al titilante parpadeo de la luz, mi cara está sumida en una penumbra que va y viene dando un toque trágico a mí, ya de por si, amargo gesto facial.

Te has llevado el sol. Desde que te fuiste, el brillo y la calina se han ido contigo. Nos has robado la luz que existía cuando lo hacías tú en mi vida. Y por eso, el cielo llora a menudo por la gris y triste escarcha que nos has dejado en el ambiente.

Las salvajes tempestades hacen que el mar vibre más de la cuenta, y mi bajel pirata se bambolea y cruje al mismo tiempo que lo hace mi corazón.

Sí. Vuelvo a escribirte a ti, Princesa. Ladrona del verano del alma. Vuelvo a alzar mis sentimientos, que suenan sin sonido, acompañados de plegarias que se elevan hasta las puertas del cielo.
La oscuridad de tu piel, que en mí tanto ha calado, me ha vuelto taciturno, y, por qué no decirlo, algo siniestro.

Nunca he creído en el vudú, esa magia ancestral que utilizan los chamanes caribeños. Pero casi estoy seguro de que, allá donde estés, eliges cada día la parte de mi espíritu que me va a doler. Decides qué fantasmas tuyos van a venir a visitarme por la noche. Escoges el grado de tristeza que inundará mi consciencia en días venideros.
Tú eliges por mí. Esa es la realidad.

Aún así, los lemures del pasado me atormentan hoy más que nunca. Quizás el hecho de encontrarme solo en este barco, en esta noche, hacen que todo se magnifique.
Hoy he dejado que los chicos desembarquen, que disfruten, mas mis obligaciones no me permiten ir. Un capitán siempre trabaja. Un capitán siempre piensa. Y yo siempre pienso en ti.

Palabras que no se olvidan. Siluetas que quedan grabadas en mi colchón. Y todo, mientras la lluvia golpea con fuerza la cubierta que está sobre mi cabeza. Tu perfecta perfección ha quedado sellada en mi retina. Una imagen que siempre está. Y tú, un caramelo deshaciéndose en mi boca, has ido desapareciendo hasta hacerte una con mi saliva. Ya solo queda el bonito envoltorio de lo que fue. Algo que siempre guardaré bajo llave, una llave invisible, dentro de mí.

Te has llevado el sol, Princesa. Te has llevado mi sol.
El mundo ya no es mundo sin tu cálido y oscuro abrazo.

Devuélveme el sol, Princesa. O ven tú, de nuevo, y se el perfecto reemplazo de tan bella estrella.

17 may 2014

Para aquellos que se van... Para aquellos que vendrán...

A menudo nos sorprendemos tomando decisiones que no pensábamos tomar. Luchando por cosas por las que no pensábamos luchar.
A menudo nos encontramos con gente con la que, ni siquiera, soñábamos topar.

Al destino le gusta ser cruel, eso lo sabemos todos. Siempre nos pone a prueba. Siempre nos hace tomar caminos en los que, a veces, tomes el que tomes, alguien saldrá mal parado.
Otras veces, de repente, te coloca una persona en tu vida. Persona que cogerá su rotulador permanente y te hará una marquita como diciendo: "Lo siento, te acabo de marcar para toda la vida, y, algún día, eso te hará sufrir".

Ya lo he escrito más veces. La vida, creo, es un constante flujo de idas y venidas. Y muchas, duelen. Lo único bueno es que de todas aprendes. Unas te importarán menos. Otras serán un plus de motivación para ser capaz de llevar algo a cabo. Y otras pocas, las que de verdad te han señalado con el rotulador, te harán quedarte bloqueado. Anclarte en el pasado. Y a veces, cuando no te hace sufrir puede estar bien. Recordar. Sonreir. Y añorar. Porque la añoranza no es mala si sabes controlarla. De hecho, esa sensación de añorar algo que te recorre el cuerpo cuando piensas en algo que te hizo verdaderamente feliz. Esa sonrisa melancólica que se crea en tu cara. Creo que no es mala del todo porque, durante unos segundos, volvemos a sentir esa felicidad que sentimos aquella vez.

Sí. Destino cruel y malvado. Deja de destornillarte a costa de nosotros, los que somos vulnerables a los movimientos de la gente. A los que queremos a los que nos quieren y echamos de menos a los que nos quieren desde lejos. A los que soñamos con volver a abrazar a esa persona que, alguna vez, nos ha hecho sentir añoranza. A los que deseamos volver a revivir ese momento. Sí, a nosotros, a las personas, déjanos disfrutar de los momentos. Detén el tiempo para nosotros y te prometo, cuando se reanude, que el mundo girará con más gracia... más feliz...

Para toda esa gente que me hace añorar. Porque si me haces añorar es porque no me hiciste infeliz en ningún momento, sino que me hiciste feliz. Y si me hiciste feliz, yo te quiero en mi equipo...

13 may 2014

Diario de un pirata sin pañuelo: Mi Princesa de ébano.

A ti, mi princesa de ébano, va dedicada esta noche. A ti, la más brillante oscuridad, van dedicados estos pensamientos que plasmo, desde la única luz presente en este camarote, con tinta y una pluma que desgarra el pergamino como los surcos que tus labios hicieran en mi piel.

A ti, brillante marfil oscuro, de silueta recortada de un perfecto cielo de noche, quiero escribir esta canción. Mas una canción pirata, sin ritmo ni compás. Pues solo del amor se trata. De plasmarlo y ver como tu visión, con una sonrisa, lo asimila en paz.

Es difícil para mí, un bucanero sin remedio, asimilar como tu eclipse perpetuo, mañana, se fundirá con el sol y desaparecerá de mi cielo.
Tus pies, esas dos burbujas que se posan cada noche en la tensa cuerda que sujeta mi cordura, con una ternura infinita, con una extrema sensibilidad, mañana no estarán.
Lo elástico dará paso a lo rígido. Y la rigidez será la ejecutora del hilo que me mantiene unido a tu figura, que ya no estará.

Cuánto, en tan poco tiempo. Cuántas sonrisas contenidas en tarros repletos de noches eternas. Cuántas caricias derramadas entre palabras e idiomas extranjeros. Cuántos besos atezados he sido capaz de aguantar aferrándome a tus trenzas azabache.

Y ahora te vas. Y mi interior respira. Respira aliviado porque la espera, esa espera cruel, ha concluido.  Y respira. Respira asustado porque sabe que no es capaz de vivir sin saber que estás aquí.

Aquí estoy ahora. Sin pañuelo que oculte mi verdad. Sin espadas que protejan mi honor. Sin pistolas que disparen mi vergüenza. Aquí estoy yo, acompañando los vaivenes del mar, que llora tu pérdida, con las idas y venidas de la pluma, que derrama lágrimas negras con cada estremecimiento.
Aquí estoy yo. Como mi barco a la deriva, sin mástil ni timón, dedicándote este amarga despedida.
A ti, mi princesa de ébano. Mi princesa oscura. Mi perfecta ilusión. Quiero decirte que surcaré los mares. Cruzaré el océano. Llegaré, si hiciera falta, hasta las tierras infinitas donde, tiempo ha, los españoles dejaron su semilla colonizadora. Así de temerario soy. Así de loco estoy.

Así de loco me has hecho estar.

Tú, princesa de ébano, regálame, por una última vez, tu más marcada oscuridad. Regálame una noche sin estrellas donde el único brillo seas tú. Regálame mares de besos y ternuras durante esa eterna noche. Tu cuerpo envuelto en seda oscura y tu mirada, una vez más, perforando los sostenes de nuestro placer.

Regálame un final.

Y yo, podré morir en paz...

11 abr 2014

Por ti, un pirata soy.

Tendría que surcar los siete mares para encontrar otra sirena como tú.
Tendría que beberme toda el agua de los mismos para mirar, una por una, en cada caverna submarina para descubrir dónde moran cada noche tus sueños y poder hacerlos realidad.
Por ti sería un pirata que me dejaría embaucar por tu canto. Luciría parche y pañuelo y dormiríamos cada noche en una isla distinta del Caribe mientras, desde la cálida arena blanca, contemplamos las constelaciones que nos invitan a imaginar una locura para cada día. Después, por la mañana, arrancaríamos el ancla de lo más profundo de nuestro corazón para seguir surcando las maravillosas y cristalinas olas que se mueven al unísono con tu brillante pelo.

Por ti sería un pirata que no bebería ron, pues, mientras me dejes beber cada noche de tu alma mi sobriedad estará intacta.
Bajaría hasta las profundidades del océano y robaría el tridente a Poseidón, Señor de los Mares, para ofrecerte una prueba de mi honor.
Saquearía cada taberna, cada mercado para poder comprar una isla hecha de estrellas de mar y luciérnagas para que, mires donde mires, el color sea parte de tu vida.

Por ti, sería el capitán del Nautilus y haría no veinte, sino cuarenta mil leguas de viaje submarino.
Sería un pirata. Un valiente pirata enamorado. Y tu serías la princesa de mi barco, y ni el fuerte tentáculo de un kraken podría arrancarte, nunca, de mi lado.
Nuestras manos guiarán juntas el timón de nuestro destino, aventurándonos hacia cataratas de pasión que nos harán caer en picado hacia las fauces de la lujuria.

Tendría que robar todas las estrellas de la noche para que nos contemplemos en la completa oscuridad del mundo. Solos tu y yo. Con un barco encallado en la orilla para recogernos en cada amanecer.
Tendría que ser un pirata, si tu me lo pides, cuya bandera no fuera una calavera sobre un fondo negro. Si no una sirena sobre un fondo blanco.Y nadie se reiría, mas sabrían que, en dicho barco, mora un ser tan fascinante que inculca un poder sobrenatural al capitán del mismo. Todos nos temerían.

Por ti soplaría hasta hacer desaparecer la niebla que cubre nuestro mar para que, siempre, puedas ver, limpia y claramente, hacia donde vamos, hacia donde te llevo. Todo claro. Todo cristalino. Como las escamas que cubren tu alma.

Por ti bucearía, a pleno pulmón, para recoger todas las lágrimas que has dejado en forma de perlas en el fondo de mar. Pues una lágrima no vale la pena si no es de felicidad.
Llegaría hasta las mas profunda sima para encontrar el mayor tesoro que un hombre puede encontrar: tu sonrisa.

Por ti sería un pirata. Por ti sería tantas cosas que no me da tiempo a imaginar. Pero sin ti solo soy un hombre. Un hombre indagando en la manera de encontrarte...