21 nov. 2010

[Escritos Navideños] La lágrima caída del cielo.


He de decir que me he aficionado a escribir estos cuentos cortos de Navidad. Este es el segundo, y no será el último. Espero que os guste también como el primero.


La nieve había caído durante todo el día anterior cubriendo cada palmo de las calles. El paisaje era particularmente bonito en estas fechas donde las luces de navidad adornaban cada rincón.
Era la víspera de Nochebuena y las calles estaban atestadas de gente haciendo las compras de última hora. Era evidente el ambiente que se respiraba por estas. La familiaridad de la gente, las ganas de compartir con las personas más cercanas a cada uno, ese "algo" que hace que la gente tenga una espiritualidad diferente cada Navidad, era palpable en el aire. También el amor. Parejas agarradas por la mano, colocándose los gorros mutuamente con una cariñosa carantoña. Y eso era lo que estaba matando a Álvaro. No hacia mucho tiempo que la chica a la que se había dedicado por completo lo había dejado. Fue la gota que colmó el vaso. Sentía que siempre era igual. Y el desanimo lo abrumó.
El ir por la calle vislumbrado todas esas escenitas no lo ayudaban lo más mínimo. Sobre todo cuando tenía tantos planes pensados y tantas ganas e ilusión en pasar esta Navidad con la chica. Pero volvió a ser igual de defraudante, y para más inri, a las puertas de estas fechas tan señaladas.

- Estoy harto de las chicas, y encima la gente en la calle no hace más que restregarme que felices son ellos- No pudo contenerse más y se volvió drásticamente a su amigo Juan.
- Bueno Álvaro, que a ti no te haya ido bien no significa que nadie pueda ser feliz. De hecho tú lo has sido mientras la cosa ha ido bien.
- Ese es el problema. La duración de lo bueno siempre es demasiado corta.
- Todo llega. Cuando las cosas no van bien es por algo.
- Lo sé Juan, pero siempre me pasa lo mismo. Creo que voy a escribir un libro con estas historias, te lo juró.- Bromeó al fin. Después, miró al cielo pensativo- A veces pienso que me gustaría formar parte de una película...
- ¡Oh! ¡Venga ya! No seas cursi.- Interrumpió Juan.
- No, no, en serio. Una película de esas donde el prota pide un deseo. Además casi siempre son en Navidad. Ya sabes, esas pelis en dónde se pide una respuesta del cielo y de la nada cae una gota en forma de lágrima justo en la mejilla del protagonista. ¡Mira! ¡Una estrella fugaz! Esto no puede ser casualidad.
- Buah tío, pues si te hace ilusión, pide un "cursi deseo".
Lo hizo. Álvaro se dejó arrastrar por su película imaginaria y pensó: Quiero conocer a una chica que merezca la pena, ya está bien de pruebas.
Era evidente que solo siguió la broma que el mismo había empezado rememorando alguna escena de película. Así que ambos siguieron andando por aquella transitada calle bajo un mar de luces de colores y con el sonido navideño de los clásicos villancicos populares.

Habían pasado varios días y la mente de Álvaro aún no había superado aquella pérdida. Ahora, en la víspera de Nochevieja, el pesimismo y la desgana seguían estando presente en el joven. Eran las siete de la tarde y su madre lo había mandado a comprar algunas cosas para la cena del día siguiente, y para ahorrarse a los compradores de última hora que irían a la mañana del treinta y uno, su madre lo mandó la tarde de antes. Aún así había una notable cola en la caja, y fue justo al ir a colocarse detrás del último cuando un hombro chocó contra el suyo desplazándolo hacia la izquierda.
- ¡Ten más cuidado!- Dijo un poco malhumorado después del inesperado empellón.
- Lo siento, pensaba que llegaba antes- Contestó una agradable voz de chica seguida de una risita.
Y la miró al mismo tiempo que quedó fascinado de aquel rostro angelical.
- Lo siento- Se disculpó un poco aturdido- Es que me ha mandado mi madre a comprar y vengo un poco mosqueado.
- ¿A ti también? Bueno, creo que me quedo más tranquila. Ya sabes, mal de muchos, consuelo de tontos. Así que soy tonta. - Volvió a sonreír.
- Yo también debo serlo, porque estando mi hermana en casa siempre me toca pringar a mi.
- Soy Angi. Encantada, compañero tontuno.
Era increíble la energía y positividad que desprendía aquella chica en apenas diez segundos que habían hablado. Pero eso, además de de sus preciosos rasgos, su bonito y bien cuidado pelo rubio y su fina y limpia piel dejaron noqueado al chico.
- Yo Álvaro. Por cierto, pasa tu primero, tienes menos cosas que yo.
- Gracias.
- De nada. Total, tampoco tengo prisa, creo que no tengo nada que hacer en los próximos.... tres meses.
- Pero si mañana es Nochevieja. Algo harás.
- Ojalá- Contestó él.- Pero mis amigos se van a una casa rural con sus chicas, y lógicamente no voy a ir arrastrando el candelabro.
- Bueno, como hemos quedado en que somos tontos, te diré que yo estoy castigada.

Así hablaron larga y tendidamente, no solo en la cola del súper, sino que después de soltar las bolsas cada uno en su casa, los dos volvieron a la calle para seguir hablando. Caminaron largo rato bajo el negro cielo navideño. Anduvieron bajo una incesante caída de copos de nieve que seguían engordando la ya posada capa de nieve que cubría las calzadas.
- Pues para tener casi dieciocho años parece que tuvieras quince- Bromeó Angi.
- Fue a hablar la que ya los tiene y la ha castigado su padre.- Replicó él.
- Bueno pero es que mi padre es bastante autoritario. Bastante que ya repetí segundo para que ahora me queden seis en el primer trimestre.
- ¡Oye! Tengo una idea. ¿Y si nos tomamos las uvas juntos?
- Claro, entras a mi casa y le digo a mi padre: Mira papi, este es Álvaro, lo conocí ayer, viene a tomar las uvas.
- Es cierto. Bueno pues después, puedes escaparte de casa.
- Tú eres muy listillo, ¿no?- Volvió a bromear. - No puedo escaparme, pero... -pensó, y a los pocos segundos su cara se tornó en una sonrisa traviesa. - Te espero después de las campanadas en mi casa. Ya sabes donde es, pero eso sí, no toques al timbre, rodea la casa. Así que te esperaré en la parte de atrás.
- Pero, ¿cuál es el plan?
- Confía en mí.
El asintió con media sonrisa. Al final, después de varias horas caminando, volvieron cada uno a su casa.
Cuando entró al salón Álvaro se tumbó en el sofá. Y alegremente acarició las agujas del árbol de Navidad que tenía justo al lado. Estaba feliz. Había olvidado su preocupación de las últimas semanas. Por fin. Pero entonces pensó que volvía a pasar. Volvía a dejarse llevar fácilmente y demasiado rápido por las situaciones.

Ya se había comido la última uva. Había dado la bienvenida al nuevo año, y antes de tragar corrió a su habitación para enfundarse el abrigo, el gorro de lana, los guantes y colocarse al cuello la bufanda. Salió como un ciclón de su casa sin apenas dar explicaciones. La casa de Angi no quedaba muy lejos de la suya, pero aún así estaba impaciente por ver cual iba a ser el plan. Y llegó. Era una casa no muy grande, recubierta de luces y adornos navideños, con varios enanitos en el porche portando cosas típicas de estas fechas. No había casas alrededor, y sólo dos farolas algo alejadas alumbraban los alrededores. "Mejor", pensón "así no me verán por los ventanales".
Rodeó la casa como le había dicho ella y al llegar a un pequeño huerto un siseó le hizo mirar hacia arriba. Y allí estaba ella. Forrada en abrigos justo como él. Estaba en el mismo tejado, un tejado no muy empinado, casi raso, al que daba una ventana. Angi se sentaba justo delante de ella, sobre una gruesa manta de pelillo y justo al lado de una estufa de butano, que, según parecía, irradiaba bastante calor. Álvaro hizo caso de las señas que ella le hacía en silencio para no alertar a sus padres y subió por una cañería bien anclada a la pared. No estaba demasiado alto.
- Wow- farfulló el chico mientras miraba las bonitas vistas alumbradas por la luz candente de la estufa- que bonito, y que lugar tan original para pasar un año nuevo.
- Mis padres están abajo con toda la familia. Les he dicho que iba a ver la tele en mi cuarto, que no tenía ánimos si no podía salir. Así que creo que no nos molestarán aquí arriba. Pensaba que no ibas a venir.
- ¡Claro! te dije que si- exclamó él algo resentido.
- No sé, pasar una Nochevieja con una desconocida en un sitio que no sabes y que además no puede salir de casa...
- Digamos que confiaba en ti.
- Me alegro- Sonrió la chica.- Por cierto, feliz año nuevo.- Dijo mientras ofrecía a Álvaro una copa de cava.
- Feliz año nuevo- Replicó él brindando con ella.
Pasaron largo rato hablando y riendo tumbados en la gruesa sábana a la luz y el calor de la estufa. No sabían cuanto rato había pasado, pero aún había jolgorio abajo, no había problema.
- Eres un tío de la ostia.
- Tú también, sino no hubiese venido.
- ¿Por qué no me besaste ayer?- Lo heló con la pregunta repentina y esa mirada tan decidida.
- No sé- Titubeó él.- no sé si es buena idea hacerlo tan pronto.
- Cuando dos personas quieren besarse, ¿dónde está la medida de tiempo que lo deba impedir?
Álvaro la miró, incrédulo por la seguridad que trasmitía aquel rostro tan bonito. Quería besarla. Además se lo estaba pidiendo. Pero él pensó una vez más en sus infinitas decepciones. "Con lo fácil que es en las películas", pensó. El cielo estaba raso a pesar de la nieve que había caído días atrás y que lo había cubierto todo, pero en ese mismo momento, una gota en forma de lágrima cayó justo debajo del ojo derecho del chico. Y hubo un sobresalto en él. "No puede ser una coincidencia", volvió a decirse en sus adentros mientras miraba a Angi. Y sí, toda duda se despejó de su mente, y como si de un fuerte imán se tratara, sus labios se encontraron con los de la chica. El primer beso del nuevo año. Un beso en plena navidad, sobre un tejado y a la luz de una estufa, precedido, además, por un deseo que él mismo había imaginado días atrás...
"Esta es la magia de la Navidad..."

En ese mismo momento, tres pares de ojos curiosos y amables observaban sin ser vistos la bonita escena. Los tres entrechocaron sus manos alegremente mientras sujetaban sus coronas para que no cayeran al suelo...


20 nov. 2010

[Escritos Navideños] Vuelve, Santa.


Bueno chic@s, apelando al espíritu navideño que se aproxima, he escrito este cuento corto. Dedicado para todos aquellos que, en el fondo, nunca dejamos de creer en nuestros propios Reyes Magos y en nuestro propio Santa Claus.



Queridos Reyes Magos. Este año me he portado súper bien, ¿sabéis? He sido bueno con mi hermanita, he hecho caso a papá. Desde que mamá no está y papá es el que nos lleva al cole soy bueno. A lo mejor es porque se le ve muy triste a veces, pero lo que hacía antes ya no lo hago, no quiero porque ya me dijo papi que ahora que mamá no estaba yo tenía que cuidar de Nerea. Y eso hago, soy un gran hermano mayor. Por eso este año quiero pediros unos cuantos regalos, pero no sólo para mí. Primero quiero pedir unas risas para la cara de papá, porque apenas sonríe. Después quiero que a mi hermana le traigáis unas zapatillas muy bonitas que vi el otro día en una tienda. Seguro que le gustan. Son muy graciosas, muy pequeñitas, como su pie. Y para mí quiero una tableta de chocolate, papá no nos deja comer mucho porque dice es sólo en su justa medida, pero como ya mismo es Navidad, igual si me la regaláis me deja comer más. También me gustaría tener un perrito para que nos hiciera compañía. Y por último, quisiera que si podéis, mandarais este mensaje a mamá en un papelito atado a la pata de una golondrina, que es el pájaro favorito de ella:

Mami, te echo de menos. Nerea está muy grandota ya y la cuido muy bien. Hacemos mucho caso a papá. Yo creo que él también te echa de menos, porque casi siempre está mirando tu foto del salón. ¿Por qué no vienes algún día a vernos? Te prometo que seremos muy buenos. Te quiero mucho mami. Quédate con la golondrina para que no estés sola y te haga compañía.

Muchas gracias señores Reyes. Espero que podáis ver a mamá, ya que Santa Claus no me quiere. El año pasado no vino a nuestra casa. Me puse muy triste, dos días antes mami se fue, y en Nochebuena Papa Noel no viene. Ya no me gusta. Me decepcionó mucho. Espero que vosotros nunca me abandonéis.

PD: Os dejaré leche y mantecados, y piel de naranja para vuestros camellos. Os quiero.

Álex.

Fue entonces cuando Melchor acabó de leer la carta que acababa de recibir del niño. Una lágrima brotó por su mejilla mientras sacudía tristemente su cabeza. Reunió a los otros dos Reyes Magos y todos leyeron la carta inundándose por la tristeza que Álex había dejado impregnada en el papel.

- No podemos dejar así al niño. Un niño de siete años no debería dejar de creer en el Abuelo. - Dijo Baltasar con gesto de preocupación.

- En eso estamos de acuerdo. Tenemos que hablar con Santa y que vuelva a dar fe a Álex.

Pasaron los días. El niño seguía portándose bien, seguía cuidando a su hermanita, y poco a poco, los días fueron llevando a la noche de Nochebuena. Pero esa noche ya no era igual para Álex desde el año pasado. Ya no esperaba a Santa, ya no tenía esa ilusión de ver al bonachón barrigón vestido de rojo. Ya no. Por lo que se acostó en su cama como otra noche cualquiera. Pero no lo fue. En cuanto cerró los ojos, una pequeña campanilla sonó desde el salón. Un puro sonido navideño acompañado del balido de un reno. Álex abrió los ojos como platos. Se deshizo como pudo de las sábanas que cubrían su cuerpo y se calzó las zapatillas de pelillo para bajar apresuradamente las escaleras. Fue entonces cuando se quedó sin habla. Pues junto a la chimenea estaba ese abuelo barbudo de traje colorado con quien tantas veces había soñado años atrás. Santa Claus esbozaba una sonrisa amable, la sonrisa mas amable que jamás había visto el niño. El único rostro que no tenía ni una miga de maldad sobre la tierra.

- Te debo una disculpa, pequeño. Te fallé. Pero ahora estoy aquí para recompensartelo. A pesar de que tu carta no iba a mi nombre, un pajarito me ha chivado algunos de tus deseos para este año. Ven conmigo- y así tendió su grandota mano enfundada en un curioso guante blanco. El pequeño dudó un poco, pero la gran sonrisa de Papa Noel pronto hizo olvidar toda la decepción que sentía hasta minutos antes. Agarró la gran mano y juntos salieron al porche cubierto por blanca nieve en muchos sitios aún sin pisar. Allí estaba el gran trineo rojo tirado por renos.

- ¡Es muy grande!- Álex no pudo evitar la sorpresa y la emoción. - Pero, nos van a ver.

- Tranquilo pequeñajo, nadie nos va a ver. Soy Santa Claus, nadie puede verme si yo no quiero.

Los dos surcaron el despejado cielo de invierno, que con su total oscuridad combatía con las millones de bombillas que adornaban las calles de la ciudad y que la dotaban de un espíritu aún más navideño. A pesar de ser pleno invierno el niño no sentía nada de frío allá arriba, ni si quiera el aire rozaba su cara. Pero el viaje fue muy cortito, en seguida aterrizaron en una zona despejada de árboles. Allí seguía siendo de noche, la nieve cubría casi toda la extensión. Los miles de abetos que había también estaban nevados. Todo en sí era una Navidad pura. Incluso la casa de madera que había justo delante de ellos confería un hermoso christmas. Entonces sonó un ladrido, y un pequeño cachorro de labrador corrió a trompicones desde la entrada de la casa y se alzó sobre el asombrado pequeño, que con asombrosa felicidad abarcó al cachorro entre sus brazos.

- Es tuyo. - Dijo sonriendo Santa. - Puedes ponerle el nombre que quieras. Este es tu primer regalo.

- ¡Gracias Santa! Se llamará... Noel, como tú.

Era lo que más feliz le hacía. Ese era el motivo por el que llevaba milenios llevando ilusión a la gente. Ese era el motivo por el que una vez al año trabajaba toda una noche visitando cada uno de los muchos hogares que había sobre la tierra: La felicidad de un niño. Y Santa ya estaba mayor para estos trotes. Pero el seguiría haciéndolo hasta el final.

- Encantado, tocayo.-El abuelo acarició familiarmente al perro que ahora jugaba con sus botas negras. - Se me olvidaba Álex. Dentro está tu otro regalo.- Justo entonces, una negra golondrina revoloteó por sus cabezas y voló rauda hacia dentro de la cabaña. El niño corrió hacia la puerta y se encontró con una confortable sala repleta de guirnaldas. La chimenea del fondo estaba encendida y justo delante había una cómoda mercedora recibiendo todo el calor del fuego. Allí estaba posada la golondrina.

- Álex- una voz de mujer rompió el silencio de la habitación. El pequeño no comprendió. - mi hombrecillo cabezota.- Entonces si. La imagen de su madre apareció en su mente dando forma a aquella voz tan familiar pero que tanto añoraba desde que se fue. Corrió hacía el sillón mientras las lágrimas caían como un torrente sobre su cara. Una vez cruzó la distancia que lo separaba de su madre el niño se arrojó a los brazos de la mujer, que como acostumbraba a hacer cada noche antes de marcharse, acunaron al pequeño dándole todo el cariño que una madre pueda dar a un hijo. También las lágrimas hicieron acto de presencia en ella.

- Mamá, ¿dónde has estado? Te echo mucho de menos. Echo de menos que no me arropes y me des las buenas noches. Echo de menos despertarme e irme a tu cama a dormir. Mami, ¿vas a volver? ¿vas a volver? Si he hecho algo que te enfadara perdóname, no lo volveré a hacer. Por fi mami, tus bocatas del cole están más buenos que los de papi.

Escuchar esas palabras de su hijo y no poder volver a casa con él hicieron que la impotencia recorriera cada rincón de su cuerpo. Pero aguantó. Reprimió el llanto que gritaba por salir de su garganta. Todos sus pensamientos se dirigieron hacia su pequeñín, ese al que después de un año volvía a tener entre sus brazos, aunque sólo fuera a ser por un tiempo. Hizo un gran esfuerzo para regalarle la más tierna de las sonrisas a su hijo.

- No estoy enfadada contigo, mi vida. No has hecho nada malo. Sé que eres un hermano mayor ejemplar y un hijo estupendo. Pero ahora no puedo volver a casa. Mami tiene una misión que hacer.- Pensó- Mamá tiene que ayudar a Santa Claus a organizar todas las cartas vuestras durante todo el año para que en la noche de hoy se cumplan vuestros deseos.- Seguro, pensó, que con ese pretexto su hijo sería feliz y estaría orgulloso de ella.- Pero te prometo que cada noche, mientras duermes, estaré ahí vigilando que nadie moleste a mi pequeño.

Él sonrió, mientras ella sacaba tres cajitas de su bolsillo. Eran sus regalos para su familia. Las abrió y las fue dando al niño mientras explicaba lo que era cada cosa. La primera era su alianza, en la que estaba inscrito "Para Siempre" y la fecha de la boda. Para papá; Un pequeño vestidito color pastel con un bordado en el centro, "Mi princesita", para su hermana; Y una golondrina tallada en madera con un broche a modo de colgante, para él.

- Los he hecho yo para vosotros- Sonrió ella.- ¡Ah! Yo me quedaré con el tuyo- Sacó una tarjetita y leyó las palabras que Álex pidió a los Reyes en su carta que dieran a su mamá-, es el mejor regalo que me han hecho. Lo llevaré siempre conmigo.

Santa Claus entró a la habitación y sonrió al ver como Álex irradiaba felicidad. Aunque también podía percibir la tristeza que se iba acrecentando en él a medida que iba comprendiendo que se acercaba la separación. Otra vez.

- Tenemos que irnos, pequeñajo. Tengo que seguir trabajando si quieres que los demás niños también sean felices.

- Está bien- Dijo él. - Yo ya he sido feliz, creo que no podría haberlo sido más. Pero, ¿cómo has encontrado a mamá y la has podido traer aquí?

Santa y mamá tuvieron una mirada de complicidad.

- Un amigo muy especial me ha echo un favor. - Sonrió el Abuelo.

Álex se abrazó con fuerza su madre y recibió un beso de esta en su mejilla.

- Mami, ven a vernos cuando puedas, ¿vale? Siempre podrás entrar en mi cuarto cuando tú quieras.

- Lo sé hijo. Ahora tenéis que iros. Dile a papi y a Nereita que los quiero, y que no me olvidaré de ellos. Siempre estaré con vosotros aunque vosotros creáis que no estoy.

Así fue como Álex vio por última vez a su madre. Guardó el recuerdo de su cara como el bien más preciado de su mente y marchó al trineo junto con Santa y su perro Noel vuelta a su hogar. Mientras tanto, los Reyes Magos observaban como el niño abrazaba a Santa en la puerta de su casa, y con los ojos radiantes de alegría portaba las tres cajitas que su madre le había regalado para esta noche tan especial de Nochebuena.

- Ningún niño debería dejar de creer en nuestro viejo amigo.- dijo Gaspar palmeando la espalda de sus dos compañeros.

- Llevas toda la razón compañero. Tanto nosotros como él somos repartidores de ilusión. Debemos apoyarnos- añadió el rey Melchor.

- Y por eso, este niño el año que viene volverá a escribir dos cartas, una a nosotros, y otra al Abuelo.- finalizó Baltasar.

- ¡Papi, papi!- Álex entró al cuarto de su padre con Noel corriendo torpemente tras él y saltó a la cama.- ¡Me ha pasado algo increíble!

En ese momento, el trineo de Santa pasó por al lado de los tres ocultos observadores y guiñó el ojo en un gesto de agradecimiento mientras las palabras mágicas de tal noche resonaron por todo el oscuro y despejado cielo: Jo, jo, jo, Feliz Navidad.

18 nov. 2010

[Historia] Esparta. Los Homoioi


¡Buenas noches! Soy consciente de que este post igual no le gusta a todo el mundo porque hoy vamos a centrarnos en la historia. Pero como es mi blog... ¡ajo y agua! jajaja. Hoy vamos a hablar de la antigua Esparta. La Esparta de la Grecia clásica, la Grecia de las polis, las ciudades-estado. Vamos a hablar de lo que significaba ser un espartano de pleno derecho: un Homoioi.

¿Qué es un Homoioi? Es el nombre que recibían los espartanos cuando cumplían los treinta años, donde ya alcanzaban todos sus derechos. También se les llamaba Iguales, o Espartíatas de pleno derecho.

Curiosamente, la ciudad más dedicada a la batalla en Grecia al principio era una simple polis más que recibió muchas derrotas en las Guerras Mesenias y de sus más conocidos enemigos, los argivos de Argos. Fue en una batalla contra estos últimos, y en pleno proceso de instauración militar, cuando Esparta materializó el sueño de Licurgo: formar un ejército basado en hoplitas, la unidad de infantería pesada más efectiva de la época. Fue Licurgo, alguien de cuya existencia real no hay demasiadas pruebas quien, en teoría, cambió las leyes que dieron forma a la Esparta arcaica en la Esparta que todos conocemos (históricamente, claro, no me jodáis xD).

Se instauró un eforado que iba rotando cada año, y que no era otra cosa más que un consejo de cinco ancianos llamados éforos que vigilaban, controlaban y aconsejaban las decisiones tomadas por la Diarquía (había dos reyes) y la Gerusía (la asamblea de ancianos y homoioi).

Se hizo un increíble hincapié a la apelación del espíritu patriótico. La ciudad por encima de todas las cosas. Una ciudad a la que defender y por la que morir sin vacilar. Se instauró además una especie de comunismo en la que el Estado era dueño de todas las cosas. Se entregaban tierras por igual a cada homoioi; los esclavos ilotas de cada familia pertenecían al Estado; los niños al nacer también estaban destinados a servir por y para Esparta.

Y sobre todo, lo que más cambió el destino de Esparta: la instauración de la Agogé.

La Agogé era un sistema de educación que empezaban los niños desde los siete años de edad. Ya en su nacimiento eran examinados para determinar si crecerían fuertes y vigorosos. Así pues, los niños eran arrancados de sus familias para entrar en la academia militar, donde además de aprender a leer y escribir aprendían a ser máquinas de matar. A desterrar cualquier sentimiento de su cabeza a la hora de la batalla. Aprendían a olvidar el miedo a la muerte, a nunca huir, y, básicamente, a sobrevivir. Pero para ellos, el honor, el coraje y la valentía estaban por encima de todo. Eran expuestos a situaciones extremas de vida o muerte.

Una jodienda que ni siquiera puede llegar a imaginarse nadie, ni incluso los que hayan pasado por la mili, (cosa que yo no, así que menos aún puedo imaginarme). Se puede decir que eran obligados a robar comida por la escasez que les daban para comer. Si los descubrían eran azotados por medio de un ritual en el que se sujetaban a un palo clavado en el suelo. Un compañero lo flagelaba, y otros dos estaban a su lado para levantarlo cuando cayera al suelo, pero para seguir azotándolo. Sólo se paraba cuando el niño soltara las manos del palo, pero el orgullo para algunos era más importante que el dolor e incluso llegaban a morir antes de soltarse.

Así pues, no sólo conseguían ser los mejores guerreros en combate, sino que llegaban a ser además, los mejores atletas de su época. Imaginaros, desde pequeños entrenando, haciendo ejercicio, siendo llevados al límite, no sólo físicamente, sino mentalmente también.

Por eso está registrado que una gran mayoría de campeones de las antiguas Olimpiadas de Olimpia eran espartanos.

En la más estricta educación seguían los chavales hasta los veinte años, edad a la que ya podrían portar en el campo de batalla los escudos con las lambdas de Lacedemonía grabadas. Ondear la capa carmesí tan temida incluso por el gigantesco imperio persa. Se enfundaban henchidos de orgullo por primera vez el casco corintio típico de los hoplitas, por fin iban a entablar una batalla real, aquello por lo que vivían y por lo que servían a Esparta. Así marchaba por primera vez a la batalla un hoplita recién convertido en espartano, casco embotado; el hoplón de bronce, el escudo de casi 8 kilos enfundado en la izquierda; la lanza en la diestra; la xiphos, la espada corta envainada en el cinto y la coraza y grebas brillando nítidas al sol mientras la capa roja típica espartana es movida por el viento que seguro, en ese momento, inspira más seguridad, aún si cabe, en la victoria en esa mente más que preparada para dicha empresa.

Así se presentaba la falange espartana ante las líneas enemigas. Según cuentan, la sola visión de tal muro de lambdas inspiraba tanto temor que la victoria no era una opción para los enemigos. También dicen que las lanzas espartanas en formación eran las únicas que no temblaban de nerviosismo y temor, que se mantenían todas equidistantes y tan firmes como el cuerpo mismo de cada uno de esos soldados que las portaban. Ahí estaba la diferencia en Esparta. El ejército de cada ciudad estaba formado por hoplitas que en invierno eran ganaderos, artesanos, agricultores que podían permitirse la compra de la panoplia de hoplita y que sólo se enfundaban la armadura para entrenar dos o tres veces en tiempo de verano. Pero Esparta no, los espartanos cada día se enfundaban la armadura y cada día entrenaban, fuere invierno o verano. Para eso conquistaron a un pueblo entero, Mesenia, para hacerlos sus esclavos y que fueran ellos quienes les trabajaran la tierra, les dieran de comer y que la única ocupación de los hombres espartanos fuese la guerra.

Los lacedemonios siempre combatían en una proporción inferior mínima de dos o tres contra uno. Siempre confiados en la victoria. El éxito de los hoplitas espartanos no sólo residía en su superioridad física ni en la habilidad en el combate. Su fuerza residía en su unidad. Luchaban como una falange totalmente sincronizada. Desde pequeños les enseñaban que es casi más importante proteger la vida de tus hermanos de armas que la tuya. Como bien explica Leónidas en la película 300, cada soldado protegía con su escudo al luchador de su izquierda, y a su vez era protegido por el compañero de su derecha.

Otra de las claves era la movilidad y la capacidad de reacción de las filas espartanas. No debería ser nada fácil ni rápido maniobrar con una columna de veinte escudos de largo y ocho de profundidad. Pero los lacedemonios practicaban en sus entrenamientos las maniobras, y además, las practicaban en la más absoluta oscuridad para que luego fuese más fácil para ellos. Digamos que siempre hacían un "más difícil todavía" para que a la hora de la verdad no supusiera un gran esfuerzo. Fijaos además, que estaban tan seguros de sus posibilidades que era la única ciudad que no tenía muralla, y a menudo decían que las murallas de Esparta empezaban en el brazo de cada espartano y terminaban en la punta de su lanza.

Si juntamos todo esto no es de extrañar que veamos en la historia de este pueblo episodios como el que casi todo el mundo conoce: las Termópilas. Como sabéis, un contingente de trescientos espartanos liderados por el rey Leónidas encabezaron un pequeño ejército de aliados griegos y consiguieron retener a ciento y pico mil persas (bueno, se manejan muchas cifras, pero creo que para la época esta es la más adecuada según mi opinión). Una vez rodeados Leónidas y sus espartanos dieron vía libre de huída a sus aliados, pero la única opción que ellos sostenían para sí mismos era quedarse y dar hasta su última gota de sangre por la libertad de Esparta y Grecia.

Bueno esto es básicamente lo más general y destacado de la Esparta clásica. Lo esencial para admirar su valentía, su coraje y su orgullo. Es normal que se pueda llegar a pensar que hacían cosas brutales, que tenían una mentalidad extremadamente cerrada en todos los sentidos, y que tenían una manera de ser muy lacónica (de ahí viene el adjetivo, de Laconia, la tierra de los lacedemonios) para eso los entrenaban también, para que con pocas palabras expresaran una opinión clara y concisa. Sí, tíos, todo eso en nuestra época sería impensable, pero no olvidéis que hablamos de un franja de tiempo que se da antes de Cristo. Además, la mujer espartana era la mujer griega más libre e independiente de toda la hélade. Eso para terminar.

Para mi eran admirables.

9 nov. 2010

[Actualidad] La vida sigue igual.


¿Qué tal gente? Demasiado tiempo sin aparecer por aquí, pero la verdad, aunque si que he tenido tiempo de escribir, lo que no he tenido han sido ganas. Pero bueno, ahora si las tengo, y prefiero esperar a tener ganas y escribir algo que merezca la pena a escribir por escribir y que no salga nada.
Aún así voy a escribir algo muy general. No de nada en concreto, sino de un poquito de todo.

Lo principal no ha cambiado, sigo aquí en Madrid buscándome la vida, intentando sobrevivir, buscando un trabajo el cual no me gustará desempeñar pero no me quedará otra opción que hacer hasta que encuentre algo por lo que realmente estoy aquí. Y he de decir que estoy a la espera de recibir respuesta de un par de castings, ¡cruzad los dedos! Por otra parte, otros dos proyectos, tanto de teatro como con una cámara de por medio, están ya ahí a la espera de ver luz verde para empezarlos.
Pero como ya sabéis la vida en Madrid es muy cara, y se te va muchísimo dinero, pero lo peor de todo es que se te va sólo en necesidades y obligaciones, apenas me he gastado siquiera para tomar una coca cola ni en un simple capricho. Y ya sé que no soy el único en esta situación, pero.. ¿de quién es el blog, eh? jaja.

Así pues la vida sigue igual. Al menos no todo son malas noticias. Mi Real Madrid sigue con paso firme a la cabeza de la tabla desplegando un juego increíble, tiembla este año, Barça. Mourinho ha sabido contagiar al vestuario sus ansías ganadoras, sabe que piezas tocar ya no sólo en el campo, sino en cada jugador, y está haciendo que, además de ser el equipo más goleador de lo que va de campeonato, sea a su vez el menos goleado. Así que me enorgullezco de gritar ¡HALA MADRID!
En cuanto a la Segunda División, mi Granada también anda con buen paso, manteniéndose en la mitad de la tabla y consiguiendo no malos resultados contra los aspirantes al ascenso, cosa nada fácil para un equipo recién ascendido a la categoría.

Dejando el fútbol, la vida sigue igual. Yo sigo viendo una de las mejores series que jamás he visto, Friends, ya voy por la octava temporada (y subiendo xD) y he de decir que últimamente he estado retardando el visionado porque, en cierto modo, me da penita acabarla. Son unos personajes que, además de lo que escribí en el post sobre la serie, ahora añado algo más: te suben el ánimo cuando lo necesitas. Siempre que he estado un poco decaído y he puesto la serie durante ese tiempo me he olvidado de lo que me rondara por la cabeza para reírme y desear ser uno de esos personajes para vivir esas "aventuras" un tanto atípicas pero que siempre suelen acabar bien. Escribiré un post despedida cuando lo acabe, ¡eso por seguro!

Sigo igual, leyendo mis libros de novela histórica, acumulando libros y libros para leer, y me encanta. Me encantan los libros y leerlos, sumergirte en las páginas y durante ese tiempo meterte en la piel de cada personaje que data en el libro. El último que me he leído ha sido Hijos de Heracles, que trata de la creación de Esparta como sociedad militar. Un libro increíble si te gusta la historia clásica. Y ahora, puesto que ya llevo varios libros seguidos leídos sobre Grecia, he cambiado de tercio histórico y he comenzado La Catedral del Mar.

Por otro lado, sigo igual, con la misma gente, pero sin un amigo bastante importante que se ha tenido que marchar a su tierra. Vuelve pronto Fran, que se te echa de menos. Aunque no lo dudo.

Como veis, todo sigue más o menos igual. Quizás este año me está costando más adaptarme a la vida de Madrid, quizás sea la falta de una rutina aquí, quizás sea un verano en Granada demasiado divertido y aún reciente en mis recuerdos, quizás el haberme dejado un pequeño pedacito de mi allí... No lo sé, pero el resultado son mis "menos ganas" de andar por aquí. Por una vez voy a decir: rutina, te echo de menos. Y como "rutina" no me refiero a una mujer que se llame Rutina, xD.
Supongo, una vez más, que no soy el único en tener estas sensaciones, pero como ya conocéis mi respuesta a eso, os diré que mi motivación por conseguir mi sueño aún es más fuerte que todo eso que oscurece mi cabezota. Así que gracias a todos aquellos que ayudáis a que mi estancia aquí sea más llevadera y me animáis a seguir luchando. ¡Daros por aludidos!