1 oct. 2013

Del café con Trajano, Escipión y Posteguillo.


En el último post que escribí decía que esperaba ansiosamente los capítulos finales de Breaking Bad. Pues bien, hoy se ha visto cumplido, desgraciadamente mi deseo. Es una tarde triste. Sí.
No solo por eso. Además, hoy también he finalizado algo que llevaba dos años esperando. Y no es sino la nueva novela de Santiago Posteguillo. La segunda parte de la trilogía de Trajano. Circo Máximo, la ira de Trajano.

Posteguillo vuelve a demostrar que es un artista a la hora de contar la Historia. Es un experto en mezclar la realidad con la imaginación. Tomarse las licencias a la hora de inventar situaciones y personajes que ayuden a completar la Historia y las lagunas que nos deja se ha convertido en algo tan fácil para él que no podríamos imaginar donde empieza la ficción o donde acaba la realidad.
Además, mide perfectamente los capítulos. Es increíblemente fácil de leer, a pesar de contar con mil doscientas páginas. A rasgos generales, los capítulos suelen ser bastante cortos, solo alargándose aquellos que lo requieren realmente.

Sencillamente, me voy a permitir yo ahora la licencia, (con tu permiso, Santiago) puedo afirmar que Posteguillo es un megacrack. Y, vuelve a confirmármelo, es uno de los mejores novelistas históricos de la actualidad.

Ya lo hizo en su primera trilogía, la que cuenta la vida de Publio Cornelio Escipión el Africano, el único capaz de vencer al temible Aníbal Barca, y cuyo cenit, en mi opinión, lo alcanza en la segunda parte, Las Legiones Malditas.
Ahora, con la evolución natural de quien se va sabiendo más experto a medida que va realizando la tarea, Posteguillo vuelve a acometer la vida de Marco Ulpio Trajano, que ya iniciara en Los Asesinos del Emperador, con esta nueva novela, más madura, más intensa y más llena de las intrigas que, supongo, ocupaban el día a día de los altos cargos de la Roma Imperial.

El autor vuelve a deleitarnos con una narrativa fácil y cautivadora a pesar de contar con muchas expresiones latinas. Nunca se vuelve tedioso. Quizás son los pocas páginas dedicadas al cristianismo las que pierden un poco, y repito, solo un poco, el ritmo y el interés de la historia, pero que son totalmente necesarias para el desenlace de la misma.
Los personajes están tan bien creados, tan bien escritos que no solo muestran el arco evolutivo típico de cualquier historia contada, sino que también se aprovecha de los retazos informativos más nimios que nos llegan a nuestros días para mostrarnos sus debilidades y sus fortalezas acoplados deliciosamente a vida que se nos muestra y para enriquecer, aún más, si cabe, los hechos que nos narra. Respecto a esto destaco el fragmento de la iglesia, y no diré más.

Lógicamente no pueden faltar las batallas, en este caso, contra los dacios del Rey Decébalo, en las que Santiago Posteguillo se vuelve a ensalzar también en la narración contándonos, de forma sublime, lo que va ocurriendo en cada zona de la reyerta.
Pero ahí no queda la cosa. En este volumen, además, el escritor añade, como no, las famosas y frenéticas carreras de cuadrigas que acontecían en el Circo Máximo. Contadas de manera épica e intensa y en las que, en algunos momentos, resoplaremos con la agonía de los participantes en alcanzar su objetivo.

Me resulta muy difícil encontrar algún pero en este libro, que, como ya he dicho, cuenta la historia de Trajano, el primer emperador no itálico de la historia. Hispano, para más seña, y, más concretamente sevillano. Aunque, ciertamente, no me imagino a Trajano diciendo: "Por Cástor y Pólux, ¡mi arma!" (¡He de decir que me atrevo a esto por que yo también soy andaluz!)

Bromas a parte, quiero concluir este post, de nuevo, con la tristeza que me ha dado al acabar este grandioso libro. Sí, es verdad, queda la tercera parte, la que narrará la campaña en Partia de Trajano y el ocaso de su vida. Pero, y debe ser así, pasará algún año hasta que nuestro Imperator favorito diga su última palabra.

En unos días me atreveré a escribir un post similar sobre el final de Breaking Bad, pero de momento quiero dejar impreso, aquí, en mi Blog, mi espacio, un eterno agradecimiento a Santiago Posteguillo.

Gracias, Santiago, por escribir tan bien y con tanta pasión para gente que, como a mí, nos enamora la Historia. Por hacernos que adoremos, aún más, las vidas de los personajes más ilustres de una Roma que nunca dejará de sorprendernos.
Por hacer un magnífico trabajo, por tardar años, aunque me fastidie esperar tanto, en finalizar tales obras de arte, documentándote con infinidad de libros, entrevistándote con decenas de historiadores y recorriendo los lugares que por los que pasarán los protagonistas de la novela. Y es que, una gran obra requiere de una gran preparación.
Gracias, también, por ponerme fácil el imaginarme la vida de estos personajes en Roma, y, sobre todo, por dármelos a conocer como si me tomara cada día un café con ellos.

"Amicitiae nostrae memoriam spero sempiternam fore" - Cicerón.
(Espero que la memoria de nuestra amistad sea eterna)