14 feb. 2012

[Libros] Un texto magnífico...

Curiosamente, el leer un libro ha sido la motivación que me ha llevado a escribir aquí después de casi un par de meses. El motivo ha sido haber quedado fascinado con un extracto tan bonito y tan bien redactado del libro que estoy leyendo, "El Halconero", de Douglas Clegg. Voy a copiar el trozo de texto que me ha gustado tanto como para ponerlo aquí:

"No conocía su nombre cuando la vi fugazmente por primera vez en una puesta de sol roja como la sangre. Ningún sirviente iba con ella, ni ayudante, cosa extraña. Llevaba un vestido fino carmesí y blanco hecho jirones a lo largo del dobladillo, y los pies descalzos y sucios. Iba cogida al caballo como si fuese su amante. Oí su risa alegre a medida que tomaba una curva del camino.
A pesar de vestir ropas de una mujer nacida en la riqueza, y de las perlas y rubíes que le rodeaban la garganta y los brazos, el pelo se le había liberado de las restrictivas trenzas y flotaba como si fuese el de un ángel volando.
No pude reprimir una sonrisa al observarla. Esa noche, al terminar de encerrar a los cisnes en el corral, me pareció verla cabalgar..., al principio no vi ni siquiera su precioso pelo rojo intenso: pensaba que vislumbraba una estela de fuego en una puesta de sol. No sé si existe el amor a primera vista, pero sé con certeza que hay algo en el alma humana que reconoce el parentesco de otra alma, incluso a distancia. Sentía eso a pesar de lo poco que sabía de ella. Además, ni siquiera era mi igual. Tal vez fuese su belleza, que era destacada y llamativa.

Era como una princesa del reino de las hadas, huida de la guarida de algún duende. Se llamaba Alienora, y comencé a susurrar su nombre en mis oraciones nocturnas cuando lo oí por primera vez. Ese nombre me parecía exótico y hermoso, la evocación de un ángel si me atrevía a pronunciarlo en voz alta. No era mucho mayor que yo, y a veces reía cuando me veía con los cisnes mientras pasaba por el patio de camino a su labor.
Decir que descubrí su encanto sería una descripción insuficiente. Cuando la veía sentía un calor intenso y cruel. Me aniquilaba con una mirada intensa y agradable, y me honraba al ignorar mis atenciones mientras montaba su poni por los campos, o cuando se sentaba con sus hermanas en las ventanas para observar el patio.

Una mirada de Alieonara podía llevarme al cielo y al infierno al mismo tiempo. Su piel era como la leche, y sus labios como manchas de sangre en el ala de un cisne. Tenía el pelo rojo como el fuego, como la propia puesta de sol. Una vez vi que caminaba con su hermano pequeño, y a medida que avanzaba, olí lo que solo podía ser jacinto, especia y cítrico. Casi me desvanecí como un pelele. Observé su nuca, donde los tirabuzones de pelo caían sobre la piel de alabastro, ese lugar que yo deseaba liberar de la cabellera para besarlo solo una vez, solo un beso. Un beso era todo lo que le daría, y luego quizá podría dormir. Quizá pudiese olvidarla si consiguiese solo ese beso casto..."