29 jul. 2014

Un Amor Malentendido. Un sentimiento muy bien entendido. Y perdona, pero Estoy Bien así...



Dicen que el amor verdadero es aquel que dura toda la vida, y que, de hecho, te la cambia. Pero sea verdadero o no, creo que todos los amores tienen algo de malentendido, ya sea en su obertura, en su desarrollo, o en su desenlace.
Mi amor por el teatro, en cambio, no tiene nada de malentendido. Es puro y máximo. Cristalino. Y "Amor Malentendido" tiene mucha culpa de ello. También ese albornoz azul celeste que luzco cada miércoles y jueves y que me queda tan rematadamente.... ¿bien? ¿no? xD ¡Coña! No es broma el decir que le estoy tomando tanto aprecio al mismo, que debería sacarlo a la calle... Debo pensarlo.


No se le puede pedir más a este fantástico mes de julio. Así que, coincidiendo con que mañana, miércoles 30 y jueves 31 serán los últimos días en el Apartamento, voy a escribir algo al respecto.

Amor Malentendido no es solo un maravilloso texto fantásticamente escrito por Israel de la Rosa. Tampoco son, solamente, unas palabras en papel llevadas y canalizadas hacia el escenario de una manera tan real, tan brillante y tan naturalmente dirigidas por Mario Hernández. No. Amor Malentendido es el proyecto de un grupo de artistas con muchas ganas e ilusión por crear y mostrar, tan pesados promoviendo la obra por las redes y con un sentimiento de hacer bien las cosas que, gracias a Dios, ha logrado calar, aunque sea un poquito, en nuestro círculo de gente que ha querido apoyarnos cada miércoles y jueves en El Apartamento. Y eso, nos hace inmensamente felices.


El Apartamento, por cierto, ese mágico espacio ubicado en la Calle Génova 7, en el Quinto piso del mismo. Ese sobreático tan peculiar y acertadamente decorado en donde cualquier arte tiene cabida. Ese lugar que, curiosamente, nos podría hacer pensar que estamos en un piso neoyorquino puramente cosmopolita, bohemio, en el que las bebidas a 1€ pueden saciar nuestra sed física, que no nuestra sed de arte.


Ese lugar es el que nos ha acogido durante este mes. Estas cinco semanas de ilusión, ganas y felicidad. Y es que Amor Malentendido ha sido escrito para ser representado en un lugar íntimo, en donde el público, mientras se toma una cerveza, puede ver, a escasos metros, las emociones internas que pasan continuamente a través de Alexis y Dana. Los protagonistas de la misma.


Dana. Esa chica tan efusiva. Tan ocupada. Siempre alerta, pero a la vez tan simpática (cuando quiere) Tan borde y tan adorable... Irene Soler es quien da vida a todas esas cosas. Sin ella todo esto no hubiese sido igual. Sin esa energía tan positiva y enredante, en lo personal, ni ese talento tan natural en lo profesional, Christian y Alexis hubiesen sido de otra manera. Creo que no se puede elegir otra compañera mejor en la faz de la tierra. La elegiría en veinte vidas. En veinte Amores Malentendidos en veinte épocas diferentes. En cualquier camino posible, Dana tendría su cara y sus ganas. De eso, estoy totalmente seguro. Gracias Irene. Gracias Dana. Porque mis ganas han ido exponencialmente ligadas a las tuyas, sobre todo en lo que a la producción se refiere. xD

Gracias Mario, nuestro dire, por haber dirigido esto tan bien. Por habernos dados las pautas necesarias para entender el malentendido. Por darnos las pistas que necesitábamos para hacer nuestra y fresca la función y hacer que, ora el público, ora nosotros, nos divirtamos como enanos (todos mis respetos a Tyrion Lannister). Eres un gran director. Espero que no sea lo último en lo que coincidamos.

Gracias Israel. Por cedernos esta delicia de texto. Un texto con un humor bueno. No la típica comedia tonta, gestual y subida. No. Esto es un texto como un caramelo para un actor, que le hace ser creíble y natural ante el público en un espacio tan reducido.
Es la segunda vez que interpreto un texto tuyo. Espero, no sea la última, porque autores así, como tú, se van viendo pocos.

Gracias a la pequeñita, pero inmensa, Duna. Que con su monólogo, "Estoy Bien", no ha podido ser mejor vecina de sala. Además, no solo he tenido la ocasión de ver lo fantástica y valiente actriz que es, sino que también me ha mostrado lo encantadora y abrazable que es. Duna, ¡for ever!

Y gracias a El Apartamento. Por darnos la oportunidad de hacer todo esto en tan bonito espacio en un mes tan malo en Madrid. Por el trato recibido y la camaradería obtenida. Volveremos, si nos lo permitís.

Gracias a otras personas que han aportado su granito de arena. Sara Millán por la foto del cartel. Ester Haro por el diseño del mismo. Jesús Lucena por la grabación de la función. Y a esos medios de comunicación que han gastado un poquito de su tiempo y de su espacio para hablar de nosotros.

Por mi parte. Un servidor está afligido por acabar ya. Puedo decir que cada semana he ido disfrutando más. He ido aprendiendo cosas. Improvisando gestos y palabras. Acrecentando la química que han conseguido Alexis y Dana. He sido infinitamente feliz. Ahora no puedo evitar sentir tristeza. Julio ha volado, (el mes, digo) Pero es así. Cuando disfrutas algo, el tiempo no vuela. El tiempo va a la velocidad del sonido. Y mi estómago nota las sacudidas.

Quedan dos oportunidades para que seáis parte de esta familia. Para que repitáis si no queréis perderos ni un solo detalle de la obra. Aviso, cada día sale algo nuevo, eso es verdad. Me haría inmensamente feliz veros allí a todos, llenando pase por pase y haciéndonos sentir las personas más dichosas del mundo.


Gracias a todos los que habéis hecho posible que una micro comedia así, pequeñita, haya llegado a ahondar tanto en nuestros corazones. Gracias por vuestras risas y aplausos. Vuestras críticas y vuestra presencia. Amor Malentendido se ha hecho tan grande, gracias a vosotros, que no habrá verano ni parón vacacional que la pare, valga la redundancia.

Seguiremos luchando y siendo pesados.



13 jul. 2014

Mío.... Nuestro...

Él está sacando un cigarro del bolsillo interior de su americana y lo enciende con pulso firme.
Ahí, en ese tranquilo campo lleno de paz, se suma en sus más profundos pensamientos y recuerdos. Ni si quiera es consciente cuando la lluvia empieza a caer, sigilosa, apagando el pitillo que asoma por entre sus labios.
Su mente va directa hacia ella. Hacia la mujer que lo había sido todo en su vida. Esa mujer que, no hace mucho, lo había dejado.
Aún no entiende como lo ha podido abandonar. Piensa en lo injusta que es la vida. Si él lo ha dado todo por ella. La ha cuidado. La ha tratado lo mejor que había podido. Pero, a pesar de todo, ella lo había traicionado. Al final, el amor que se habían jurado no había sido más que palabras vacías. Una vida por nada...

Tiene la tentación de abrir el paraguas que lleva con él. Pero la lluvia en la cara le sienta bien. Y si cayera alguna lágrima, las gotas resbalando por sus mejillas la disimularían bien.

Y así, mientras el agua iba fluyendo junto con el tiempo, los recuerdos iban renaciendo en su interior como una cascada eterna cayendo al infinito.

Estaba en aquel día. Habían discutido por una nimiedad que no lo fue en el momento. Ella había sacado ese carácter tan peculiar, y aterrador, a menudo, y lo había mandado lejos varias veces. Pero él estaba tranquilo. La conocía demasiado bien.
Entonces la puerta de su casa apareció ante él. Tomó aire y lo expulsó pausadamente. Deslizó su mano derecha sobre las ligerísimas arrugas de su chaqueta y giró la llave mientras empujaba la puerta.
El perfume embriagador de las velas aromáticas lo recibió como si de una dulce bofetada se tratara. Allí estaba ella. Medio sentada y medio caída en el sofá, con la cabeza echada hacia atrás mientras sostenía una vistosa copa de vino color rojo sangre con una mancha de carmín en el borde. Ni si quiera lo miró.
Él se acercó hacia ese bonito cuerpo vestido, tan solo, con un elegante sostén negro de encaje y unas braguitas a juego. No se dijeron nada. Los dos sabían qué tenían que hacer.
Se fue detrás del sofá e hincó sus rodillas en el suelo. Colocó una mano en cada mejilla de esa bonita cara echada hacia atrás, desde el respaldo, y completamente invertida a la de él. Ella, con los ojos cerrados aún, ofreció sus preciosos labios que, pintados de ese rojo intenso, parecían dos rubíes a punto de estallar por encontrar una boca en la que morir. Y él, si dejar de mirar impresionado ese rostro escultural, agarró la cortina negra y lisa que era su pelo cayendo, intentando llegar al suelo. Tiró de ella, con delicadeza, y ofreció esos labios en los que ella deseaba caer.
Arrastró su mano al vientre plano de ella, que subía y bajaba cada vez más rápido. Sin dejar de perderse en su boca, guió la palma de la misma hasta el sujetador que guardaba un bonito y redondeado seno. Y lo apretó. Con agresividad, pero a la vez con la delicadeza necesaria para tornar el leve dolor en un placer impaciente.
Al tiempo, la levantó a plomo del sofá mientras ella enredaba sus finas y esbeltas piernas en torno a la cintura de él. Entonces la visión cambió. Ahora, los dos cuerpos desnudos se proyectaban como dos sombras jadeantes, ardientes de deseo y consumiéndose en el mismo, sobre una pared del salón alumbrado, tan solo, por el titilante parpadeo de las velas.
Diferentes enlaces y situaciones corporales acudieron a su memoria. Todas tenían en común que le traían el vivo recuerdo del tacto tan sedoso y suave de su piel. El sabor de la misma. El aroma tan intenso que emanaba de ella acudía ahora a su mente...

Se excita. Se confunde y al mismo tiempo nota como si el corazón se le parase y la sangre se acumulara en sus ojos, que luchan por no descargar aquel torrente de emociones que se agolpa en aquellas ventanas que ahora miran al infinito.

Poderosos son aquellos recuerdos que despiertan su entrepierna. Malvados por acudir a él en este día. Se siente egoísta. Se odia al pensar que quizás fue solo el sexo y esa pasión desmedida lo que lo había cautivado. Su fogosidad. Sus bonitas y lisas piernas. Sus redondeadas nalgas... tal vez fuera eso lo que anhelaba de verdad.
Pero entonces, otro recuerdo, esta vez salvador, acude a él.
Observa las manos de la misma mujer acariciando su torso desnudo. Siente como se le eriza todo el vello del cuerpo al recordar esa sensación por la espalda.
Ahora ve su boca. Sin pintalabios. Solo esos labios curvados en una eterna sonrisa capaz de penetrar donde jamás ha conseguido llegar nadie. Vuelve a sentir esa emoción que lo embargó entonces. Se ve a él mismo jugueteando con los bucles de su pelo. Recorriendo su cara en un íntimo susurro táctil. Sí. La quería.
Deseaba su sexo. Deseaba sus juegos eróticos que le hacían perder la cordura. Deseaba esa cara felina en la que tornaba su rostro perfecto cuando se ponía sobre él dispuesta a llevarlo más allá de la imaginación....
Pero también, ahora lo sabía, quería ver su sonrisa cada día. Quería sujetar su mano al cruzar cada paso de cebra. Quería sentir su mirada fija en sus ojos. Quería escribir una pagina de su libro en cada uno de los idiomas de todas las ciudades que visitasen. La quería.
La quiere. La ama como a nadie. Y eso, le tranquiliza.

No puede evitarlo y vuelve a repetir la misma acción que lleva haciendo una semana. Desliza su dedo por la pantalla táctil de su Iphone. Accede a la lista de contactos. Letra N. Y pulsa un nombre para llamar mientras, dubitativo, se lleva el móvil a su oído derecho. No suena nada. Nervios. Impaciencia. Miedo. Deseo. Inseguridad. Alivio. Nada. Pero al rato, una bella voz. Una voz suave, cautivadora y divertida resuena en su tímpano:

- Soy Nerea. Pero no estoy, como habrás comprobado. Pero tranqui, si es algo mío... nuestro, te devolveré la llamada pitando. Paaaaaaz.

Suena el pitido indicando que ahora se empezaría a grabar tu mensaje. Pero no hay palabras que se presten a ello. Él no llama para dejar ningún mensaje.
Una vez más, aquella voz es capaz de traspasar cualquier barrera. Ya no importa que esté solo. No importa que ella lo haya abandonado. No importa esa rabia contenida de saber que, la mujer a la que más ha amado, lo ha dejado de repente. El cigarro, en sus labios muertos, cae al suelo. Apagado. Como él.
Volver a escuchar su voz lo acerca aún más a esos recuerdos. Lo hace formar más parte de ellos, si cabe. Es entonces cuando el torrente que empuja las ventanas de sus ojos se hace más fuerte y destruye el cristal que lo contiene. La coraza, rompiéndose en mil pedazos, se funde con el agua que cae, con más fuerza ahora, de aquel cielo gris.

Él no puede más. Se deja caer de rodillas manchando sus tejanos del barro que está empezando a formarse. Y mientras las lágrimas corren por sus mejillas como si de pequeñas estrellas fugaces surcando el cielo de la noche se tratara, se abandona aún más, apoyando las palmas de sus manos en aquella superficie fría y húmeda.
Abre los ojos. Desliza su índice por las letras grabadas en el mármol. La N. La E. La R...

La lápida está fría. Su alma está fría. Sin vida. Como la mujer que dio todo por él.