14 feb 2012

[Libros] Un texto magnífico...

Curiosamente, el leer un libro ha sido la motivación que me ha llevado a escribir aquí después de casi un par de meses. El motivo ha sido haber quedado fascinado con un extracto tan bonito y tan bien redactado del libro que estoy leyendo, "El Halconero", de Douglas Clegg. Voy a copiar el trozo de texto que me ha gustado tanto como para ponerlo aquí:

"No conocía su nombre cuando la vi fugazmente por primera vez en una puesta de sol roja como la sangre. Ningún sirviente iba con ella, ni ayudante, cosa extraña. Llevaba un vestido fino carmesí y blanco hecho jirones a lo largo del dobladillo, y los pies descalzos y sucios. Iba cogida al caballo como si fuese su amante. Oí su risa alegre a medida que tomaba una curva del camino.
A pesar de vestir ropas de una mujer nacida en la riqueza, y de las perlas y rubíes que le rodeaban la garganta y los brazos, el pelo se le había liberado de las restrictivas trenzas y flotaba como si fuese el de un ángel volando.
No pude reprimir una sonrisa al observarla. Esa noche, al terminar de encerrar a los cisnes en el corral, me pareció verla cabalgar..., al principio no vi ni siquiera su precioso pelo rojo intenso: pensaba que vislumbraba una estela de fuego en una puesta de sol. No sé si existe el amor a primera vista, pero sé con certeza que hay algo en el alma humana que reconoce el parentesco de otra alma, incluso a distancia. Sentía eso a pesar de lo poco que sabía de ella. Además, ni siquiera era mi igual. Tal vez fuese su belleza, que era destacada y llamativa.

Era como una princesa del reino de las hadas, huida de la guarida de algún duende. Se llamaba Alienora, y comencé a susurrar su nombre en mis oraciones nocturnas cuando lo oí por primera vez. Ese nombre me parecía exótico y hermoso, la evocación de un ángel si me atrevía a pronunciarlo en voz alta. No era mucho mayor que yo, y a veces reía cuando me veía con los cisnes mientras pasaba por el patio de camino a su labor.
Decir que descubrí su encanto sería una descripción insuficiente. Cuando la veía sentía un calor intenso y cruel. Me aniquilaba con una mirada intensa y agradable, y me honraba al ignorar mis atenciones mientras montaba su poni por los campos, o cuando se sentaba con sus hermanas en las ventanas para observar el patio.

Una mirada de Alieonara podía llevarme al cielo y al infierno al mismo tiempo. Su piel era como la leche, y sus labios como manchas de sangre en el ala de un cisne. Tenía el pelo rojo como el fuego, como la propia puesta de sol. Una vez vi que caminaba con su hermano pequeño, y a medida que avanzaba, olí lo que solo podía ser jacinto, especia y cítrico. Casi me desvanecí como un pelele. Observé su nuca, donde los tirabuzones de pelo caían sobre la piel de alabastro, ese lugar que yo deseaba liberar de la cabellera para besarlo solo una vez, solo un beso. Un beso era todo lo que le daría, y luego quizá podría dormir. Quizá pudiese olvidarla si consiguiese solo ese beso casto..."

22 dic 2011

[Escritos Navideños] El camino de la Navidad

Hoy estoy sembrado, así que he escrito un cuento corto, retomando la costumbre de la pasada Navidad, inspirado en el espíritu que nos abarca ahora. Es un poco triste, pero espero que os guste!


¿Qué es lo que se le puede pedir a un buen año? ¿Salud? ¿Trabajo? ¿Familia y amigos? ¿Amor? o tal vez... ¿dinero? Sí, eso fue lo que yo le pedí. Dinero, dinero, y más dinero. Y sí, me lo concedió. Todo el dinero que pude desear. Solo a cambio de una cosa. De todo lo demás. Familia, salud y amigos. Y, claro está, amor. Todo eso es lo que perdí con mis deseos ambiciosos. Todo, para ganar dinero y soledad.
Fue hace siete días. La víspera del 24 de diciembre. Me di cuenta de que no tenía ha nadie con quien cenar esa noche tan señalada. Tú habías dejado de hablarme tras la muerte de mi padre hace ocho meses, cuando, después del día de la firma del gran contrato millonario él se decepcionó tanto que las lágrimas le impidieron ver con claridad la carretera. Mi madre había perdido la cabeza desde entonces, y solo la había visitado en dos ocasiones en ese tiempo. Por primera vez en este año abrí los ojos a las necesidades básicas del ser humano. Y no. El dinero no está entre ellas. Es algo que anhelamos cuando no lo tenemos. Es nuestra meta. Nuestros sueños pasan por ser ricos. Es la codicia del ser humano en general. Pero el dinero es un invento. Antes no existía, o no de esta manera, y la gente era feliz teniendo una familia.

La noche de Nochebuena fue un gran pesar para mí. La conciencia me atacó toda la noche. Meses atrás apenas fui consciente de la muerte de él. Un incómodo sentimiento que apenas duró una semana, pues mis negocios impedían la calidez emocional en mí y no hice nada por evitarlo.
Mientras las familias cenaban juntas y disfrutaban de una noche especial, mis piernas me llevaban por el centro de Madrid. Sin rumbo. Lamentándome de por qué había elegido ese camino. Pasaba bajo las estampas navideñas que hacen de Madrid una de las ciudades más bonitas. Pasaba junto a las desiertas pistas de hielo. Junto a los grandes árboles llenos de lucecitas que adornaban las céntricas plazas. Todo a mi alrededor era Navidad. Menos yo.
Fue entonces cuando, dentro de mí, un deseo se alzó hacia el cielo sin proferir sonido al aire. Deseé que el tiempo volviera atrás. Deseé, crédulo de mí, poder tener una nueva oportunidad para tomar el camino correcto. Deseé volver a pasar la Navidad con la familia a la que tanto añoraba en ese momento. Simplemente, quería volver atrás. Y la realidad es que nada de eso es posible. Lo hecho, hecho está.
Pero entonces ocurrió algo raro bajo el gran árbol de Navidad colocado en la plaza de Sol. Recuerdo como una voz grave, vigorosa y llena de amabilidad y sinceridad penetró en mi interior. Pero no había nadie a mi alrededor. Había dicho. Pensé entonces que la amargura estaba trastornándome. Me giraba buscando su procedencia y me tapaba los oídos para dejar de escucharla, pero la voz estaba mucho más dentro de mí. Continuó, Y la voz se fue. Dejando un rastro como perdiéndose en la lejanía de mi alma.

De verdad no sé que me pasó por la cabeza. Una paranoia, tal vez. Esa tristeza profunda que me consumió, y bueno, me consume aún. En unos minutos las campanadas darán lugar a un nuevo año. Un nuevo año que he decidido no vivir. Mira, ya suenan los cuartos...
Por eso te escribo esto, hermano, para pediros perdón por todo el daño que os he causado. Por todo el egoísmo que ha roto a esta familia. Y para decirte que, como hermano mayor, siempre velaré, esté donde esté, de ti. Mamá...Bueno, aquí solo se me ocurre dibujar lágrimas, pero no dibujo bien, ya lo sabes. Realmente no sé que decir respecto a esto, porque si no pude conseguir que....
....
....

- Señor Romero, señor Romero ¿está bien?
De repente la luz de la habitación penetró en los ojos de Darío. Fue como si acabara de despertar. Por un momento olvidó donde estaba y no recordaba que había pensando hace dos segundos. Fue consciente del bolígrafo en su mano.
- ¿Está bien?- volvió a repetir el señor de traje que estaba frente a él, al otro lado del bonito escritorio. Darío reparó en el.
- S..sí. Solo que..- acertó a decir el joven.
- Bien- interrumpió el hombre- entonces, estaba a punto de firmar.
Darío se quedó pensativo durante un corto tiempo. Miró, al cabo, a los ojos desafiantes del empresario.
- No.
- ¿Qué dice?
- Que no voy a firmar.
- Si estaba a punto de hacerlo- El sudor comenzó a brotar de sus sienes.
- Pero ahora no lo voy a hacer.- Y se levantó de su asiento sin dar lugar a réplica.

Salió del edificio con una sonrisa en su cara. No sabía por qué, pero sentía que había hecho lo correcto al negarse a aquel acuerdo. Sentía que era el camino correcto. Y, con esa renovada felicidad, se acercó al Passat que había al otro lado de la calle y subió al asiento del copiloto dirigiendo una mirada cómplice al conductor.
- Al final ha ido bien, papá.
En ese momento, a Darío le pareció oír tres grandes risotadas perdidas en la lejanía. E, inconscientemente se dudó si estaban en plena Navidad o si realmente estaba recién entrada la primavera...

[Minuto a minuto] Una vez más, Navidad...




Bueno, bueno. Como todos los años por estas fechas, vengo a escribir prácticamente lo mismo del año pasado. Pero como nadie se acordará, da igual. xD
Estamos a día 22 de diciembre. Ya ha sido el sorteo del Gordo, del que por cierto, no he pillado más que un reintegro. Así que para mí, oficialmente, ya es Navidad. Ya se ha repartido hoy ilusión. Y la ilusión es el fundamente básico de la Navidad. Desde hoy, en el que miles de personas han disfrutado de una increíble sorpresa con los niños de San Idelfonso, hasta el mágico día 6 de enero, en donde S.S. M.M. Los Reyes de Oriente derrochan ilusiones y sonrisas a millones de niños. Sin olvidar, por supuesto, el gordito barbudo y bonachón que descenderá por millares de chimeneas dentro de dos noches, el 24.

Época de reencuentros familiares. Tiempo en el que hijos y padres y hermanos y primos vuelven a casa. Días en los que el simple hecho de andar por la ciudad con tantos adornos, luces y abetos siendo partícipes de este "escenario" hacen que salgas con otra predisposición a la calle, con una sonrisa en la cara. Semanas en las que oír los clásicos villancicos de toda la vida, los villancicos rocieros tan oídos en mi tierra, hacen que recuerdes años anteriores en los que has disfrutado de estos días clave junto al fuego de la chimenea rodeado de las mejores personas. Todo eso es la Navidad. Todo eso es ilusión. Navidad es ilusión.

Es época de determinadas películas. Eduardo Manostijeras; Pesadilla antes de Navidad; Solo en casa; Las Disney, como no; El Señor de los Anillos, que ya va siendo un clásico en las cadenas de televisión cada Navidad; y, por supuesto, no hay que olvidarse de esas películas chorras, comedias tontas americanas, pero que están llenas del tan famoso espíritu navideño, como la tan volteada "Un papá en apuros".

Es tiempo para recrearse viendo fotos navideñas de Nueva York. Para mí, al pensar en una Navidad especial, la imagen que mejor la representaría sería esta: Times Square inundado de luces y letreros, el Rockefeller Center con ese gigantesco árbol y su pista de patinaje. Las calles cubiertas de nieve con esos jóvenes andando por ellas con gorros en la cabeza y los abrigos subidos hasta la barbilla, y como no, la voz de Frank Sinatra con sus conocidos villancicos tan... neoyorquinos... No renuncio a pasar una Navidad allí. De hecho, es una de mis cosas pendientes. No solo el visitar esa ciudad de ensueño, sino disfrutar de una Navidad en ella.

Para finalizar, quiero desearos a todas y todos una Navidad increíble, llena de alegrías e ilusiones. Yo por mi parte pasaré este fin de semana por mi tierra. Intentaré aprovechar esos días al máximo con mi gente. Aunque tengo tantas cosas que hacer en tan poco tiempo que no sé como me voy a organizar. Ouch! Pero lo haré. Necesito evadirme de tan pesada carga que ya describí en el post anterior. Jiji. Sí, sigo quejándome. Así que nada, majos. Feliz Navidad.

Feliz ilusión.

PD: A los que no les gusta la Navidad, que se jodan! :p

8 dic 2011

[Actualidad] Repasemos...

Por aquí estamos otra vez, volviendo a escribir en una fecha cercana a la Navidad, y, no sé si es debido a eso, precisamente, sumado a un último mes un tanto debilitado en cuanto a ánimo se refiere, por lo que llevo días embutido en una morriña constante. Una añoranza diaria, podría decir, de épocas pasadas y, por supuesto, mejores.

Repasemos. Es cierto que la proximidad de estas fechas tan emotivas y familiares (en las cuales ya adelanto me toca chuparme aquí en Madrid por completo) hace que a todos se nos enciendan las "gadcheto-emociones". Como ya he dicho, eso, sumado a un mes sin apenas vida social, eso que conocemos como: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Eso es lo que me pasa a mí. No solo un madrugón del carajo cada día, que eso no es madrugar, es trasnochar, sino que además, once horitas diarias de curro, casi nada. Eso es el causante de que últimamente esté un poco "oscuro" y meditabundo. Apenas tengo tiempo para salir por ahí porque tengo que acostarme pronto. Apenas puedo ver mis tan añoradas series por largos períodos de tiempo. Y sobre todo, algo que me flipaba hacer: no puedo acostarme a las 4 de la mañana realizando tales visionados.

Pero bueno, no todo pueden ser quejas. Es cierto que tengo varios soplos de aire fresco. He conocido a bastante gente nueva en este último mes, gente con la que he conectado muy bien, con la que he podido pasar ratos agradables. Y además me he acercado más aún a gente ya establecida en mi vida. Y eso, como en Facebook, me gusta.

Cambios en la vida cotidiana. Que pena que unos se vayan y otros se hayan quedado. Sí, es odioso ya lo sé, pero c`est la vie.
Puedo decir también que el estar inmensamente puteado hace que pueda seguir en Madrid intentando conseguir lo que quiero. También lo sé, tengo muy pocas horas para eso, pero menos da una piedra. Y, para más inri, eso hace que pueda permitirme caprichitos como los dos o tres pequeños que ya me he pegado, ejem ejem. :D.

Pero tranquil@s, no os preocupéis por mí todos a la vez. Llevo algo más de un mes así y aún no estoy ingresado en ningún sitio. Nada más hablo solo de vez en cuando, pero nada preocupante. Me amargo, llegan mis soplos de aire fresco y me recupero. Me amargo, aire fresco y me recupero. El ciclo de la vida. Aunque no el del Rey León precisamente. Por cierto, musical al cual quiero, loca locamente, ir. E iré. Si el trabajo y mi aún existente cordura me lo permiten. Ah, y la gente que quiera dejarme alguna entradilla disponible en taquilla. Que luego estamos en crisis, nadie tiene un duro pero bien que se gastan entradas de mínimo 60 € (agotadas hasta marzo) para ver un musical. Qué hipócritas somos, mare mía.

En fin,volviendo Perico al torno. Esto también me ha permitido un lujazo. Ir dos veces en una semana al cine. Sí señores, así de acomodado puedo vivir ahora mientras estoy puteado. Puedo ir a ver, en una misma semana, Amanecer y el Gato con Botas. Lo siento por aquellos envidiosos. Y ojo, pretendo en esta que viene ver In Time y Happy Feet 2. ¡Esto es ya la locura madre!

Nada, eso. A veces me gustaría volver a esas épocas en las que puedo decir que he sido medianamente feliz. Como cuando estaba en Arte 4 con la diplomatura. Tenía mi trabajito mañanero y entre semana que me permitía subsistir, tenía mis clases en las cuales era feliz y tenía mis findes libres y mis noches trasnochadoras enganchado a una y otra serie. Ahora ni sé cuando podré pasar un par de días en mi Tierra.

Así que voy a dejarlo ya, voy a dejar de quejarme, que últimamente no hago más que queja tras queja. La mayoría con razón. Pero a nadie le importan las quejas personales de los demás, ¿no? Así que voy a intentar tomarme la vida, durante esta etapa y dure lo que dure, con filosofía. Intentando atraer cosas positivas y en mi beneficio, como dice El Secreto, e intentaré transmitir buena energía en estas fechas tan señaladas con ayuda de mis "soplos". Pero eso sí, también dejaré la puerta abierta a esas añoranzas que me están abrumando últimamente. Esos recuerdos de la infancia, de hace dos, tres o "x" años y esas etapas que viví con felicidad, pues eso es lo que me hace recordar que hay vida después de esta etapa.

Así pues, ánimo, myself...

1 sept 2011

[Minuto a minuto] Hasta siempre...

¡Diez mil visitas! Y en poco más de un año. No está nada mal, ¿no? Por ello voy a retomar la escritura con un post muy especial para mí, ya que este va a ser una despedida. Una despedida de esa que me ha visto crecer; que guarda junto a mi cientos de recuerdos de mi infancia; esa que me acoge cada vez que vuelvo y me ofrece un techo bajo el que estar seguro. Esta es la despedida de mi casa, la que, hasta ahora, ha sido mi hogar.

Por motivos familiares y personales se ha tenido que vender. Y bueno, aún sigo aquí, pero en pocos días volveré a la rutina del invierno y me despediré para siempre.

Seguro que no soy el único que siente aprecio por su hogar. Y es que cuando has pasado la mayor parte de tu vida bajo las mismas cuatro paredes, realmente piensas que en ningún otro sitio podrás estar tan seguro y tan a gusto como lo estás ahí. Y fue en el año 93 cuando recalé aquí, con apenas seis años, y hasta ahora.

Podéis imaginar, infinitos recuerdos y emociones a lo largo de las diferentes etapas de mi vida. Aún recuerdo cuando el salón tenía la disposición anterior a la de ahora, siendo solo un crío. Me encantaba despertarme los fines de semana a las siete de la mañana y bajarme al sofá a ver el Club Megatrix. En verano adoraba tirarme al fresquito mármol del salón con mi hermano a ver la televisión, y en concreto, el programa “Bravo por la Tarde”.

Me encantaba, y aún me gusta, tirarme en invierno en el sofá más retirado de la Tv y taparme con la ropa de la mesacamilla con el brasero encendido una tarde de fin de semana viendo una peli mala. También se me viene a la mente mi cochera, donde había un gran portón de metal. Ahí nos pasábamos mi hermano y yo las tardes jugando a tirar penaltis. Con el consecuente ruido que hacía el balón al golpear, claro.

Curiosamente, y, seguro que a los que como yo, vivís fuera de vuestra ciudad, os pase lo mismo, da igual que esté dos, tres, cuatro meses sin volver, pero cuando lo hago y entro por las puertas, parece que no ha pasado ese tiempo. Todo sigue como estaba. Huele igual, y sobre todo, te sientes igual de seguro y cómodo. Y justo llego y me doy una ducha, con el mismo champú de hace años, ese olor tan característico que desde más pequeño y, seguramente precedido de buenos tiempos y bonitos recuerdos, hace que al volverlo a inhalar sientas una sensación de nostalgia positiva. Con lo cual, adoraba llegar un frío día de invierno y ducharme en esa ducha oliendo a ese champú mientras el pequeño cuarto de baño se llena de un agradable y denso vaho. Pero esa será otra de las cosas que no volveré a hacer, (ducharme sí, que no soy un guarro), o al menos no con la misma sensación.

Y qué decir de mi rincón preferido. De mi hogar dentro del hogar. Ese pequeño habitáculo con partes de mí incrustadas en cada una de sus paredes. Ese que siempre llora cuando me voy y se alegra cuando vuelvo. Ya os he hablado de él, pero siempre será poco: mi cuarto.

Si el pobre hablara… jaja. Madre mía. Él ha crecido junto a mí, y voy a explicar el por qué. Como todo infante en la vida, imagino que sus gustos cambian conforme esta pasa. Pues, como todos, imagino, mis gustos se reflejaban en las paredes de mi cuarto. Primeramente dormía con mi hermano, y dividíamos la pared. Luego ya, al dormir solo, mi cuarto vivió mi pubertad con las chicas ligeritas de ropa que colgaban de sus paredes. Pocos años después, mi entrada en la radio municipal y mi consiguiente acercamiento al mundo de los Dj´s hicieron que las chicas desaparecieran para dar paso a paredes enteras repletas de recortes de la revista “Deejay” y de carteles de fiestas con pinchadiscos famosos. Un equipo de mezclas con sus dos platos correspondientes copaba el nuevo estilo de mi cuarto, que en ese momento, ¡lo petaba! Jaja.

La evolución ha seguido, y hace no muchos años los deejays dieron paso a las consolas. Pocas cosas en las paredes pero hasta tres consolas ocupaban las estanterías de mi habitación. Y el último cambio, el presente. Mi interés por el estilo oriental dio paso a cuadros y tapices de oriente que variaban la decoración, incluidas la lámpara de noche y la de techo con sendos estilos japoneses, a juego, ¡eh! Y bueno, ahora sigue así, solo que algunos cuadros están en mi cuarto de Madrid, con un par de chicas guapas en una pared y un gran póster de El Señor de los Anillos en la puerta.

Imagino que a nadie le importará como tenga decorado mi cuarto o mi casa, pero con esto quiero trasmitir que según yo, siempre habrá un pedacito de mí en esas paredes. Siempre, haya quién haya, ese cuarto habrá sido de Christian Delgado. Porque ese cuarto ha sido el rincón más importante de mi vida.

Aunque a decir verdad, cualquier parte de mi casa me evoca recuerdos y me traslada a otros tiempos. Casi a cualquier cosa de ella puedo sacarle un pensamiento. La cocina. Me encantaba llegar del colegio y abrir la mesa (que lleva años sin abrirse) para comer. Aunque lo pasaba francamente mal cuando lo que había dentro de los platos eran lentejas y tortilla de espinacas, lo que me llevaba una tarde entera para poder comerme medio plato.

Pues como veis, son muchas las cosas que se dejan atrás. Muchos los años pasados aquí, y se me hace raro, muy raro, el pensar que cuando me vaya en unos pocos días, nunca jamás volveré a pisar esto que tanto cariño le he cogido. Sí, yo tengo ahora mi casa en Madrid, y mis padres tendrán otra aquí, pero dudo que vuelva a tener la sensación de hogar, dulce hogar, que tenía con esta. Espero que el día que forme una familia pueda sentir esto con mi nueva casa.

No quiero hacer esto más largo de lo que es, así que para terminar diré que creo que es necesario para cualquier persona sentir la sensación de un lugar en el que vivir que sea confortable y seguro. De momento yo lo dejo aparcado para recuperarlo más adelante, pero todos los recuerdos de esta casa quedarán en mi cabeza para el resto de los tiempos…

Por todo ello, desde aquí, le dedico un agradecido adiós a estos muros que me han acogido durante dieciocho años.

Siempre presente…

13 jul 2011

[Minuto a minuto] Infancia, añorada infancia.

Con el cumplimiento de casi un añito desde la inauguración del blog y recordando un poco la nostalgia del verano anterior en la que abrí completamente mi cabezota para expresar muchas de mis ideas, he vuelto a releer los post de por aquellos tiempos. Y he descubierto que desde entonces hasta ahora las nuevas entradas fueron adquiriendo una degradación en lo íntimo y personal. Y es mucho más difícil escribir tales cosas tuyas en un sitio donde sabes que la gente tiene acceso, pero también es lo que dota de personalidad e interés al blog. Y, a fin de cuentas, es lo que deseaba desde el principio, un blog personal con un poco de miscelánea.

Con lo cual, voy a intentar retomar esa sensación otra vez de dejarme llevar mientras escribo y llenarme de sensaciones. De momento todo esto de la añoranza me está llevando a varios sitios: la infancia y el trascurso del tiempo, por ejemplo. Creo que son buenos temas de los que hablar.

Últimamente me vienen mucho a la cabeza los recuerdos de tiempo ha…. Sobre todo cuando vuelvo a pisar mi casa después de varios meses. Es como si de repente esos meses en los que no he estado desaparecieran; todo está igual, todo me huele igual, mi cuarto siempre parece recibirme con una sonrisa, y de hecho creo que la tendría. Soy de los que piensan que los cuartos tienen personalidad propia. Evidentemente es una personalidad que nace de ti, de la tuya, y me gustaría creer que una parte de nosotros, de nuestra alma, queda impregnada en las cuatro paredes que te ven dormir cada noche. Sería bonito poder sentir la tristeza de tu habitación cuando tienes que dejarla y la alegría cuando vuelves a pisarla. Además, seguro que no soy el único que, a pesar de que no es algo vivo, le coges mucho cariño. J

Definitivamente, lo único que nos queda del pasado son los recuerdos. Mejores, peores, agradables, pero recuerdos. ¿Os acordáis de esa época en la que teníamos una asignatura que se llamaba Conocimiento del Medio? Jaja. En esa época, en primaria, lo que me fastidiaba de verdad era cuando mi madre me obligaba a llevar los náuticos al colegio porque no podía correr bien con ellos. Y mi única preocupación en cuanto al dinero y gastos económicos era poder tener diez duros para comprarme un cuerno de chocolate en el recreo. Mis únicos comederos de cabeza con las mujeres eran conseguir que la chica que me gustaba me diera la mano. ¡Vaya! La de imágenes que se me vienen a la cabeza mientras lo escribo y la sonrisa que sonsacan.

A decir verdad no puedo quejarme de haber tenido una mala infancia en la que me haya quedado con recuerdos desagradables. Creo que mi único “trauma” infantil fue un día en el que iba a catequesis y, estando en la plaza de la iglesia, empecé a correr detrás de la chica que me gustaba por aquellos entonces (jugando a algún juego) y el graciosillo de turno me puso la zancadilla. Claro, mi vergüenza por haberme caído delante de la chica fue tremenda, y como el niñato era mayor que yo no me quedó otra que aguantarme. Lo recuerdo todavía, pero me hace gracia. Jaja

Y ya nos vamos haciendo mayores. El tiempo ha ido pasando como el que no quiere la cosa. De repente mi pelo ya no es tan rubio, de repente mi cara deja de ser redondita, de repente me veo en Madrid, pagando un piso todos los meses y con miles de gastos básicos… De repente mi edad marca veinticuatro años. Y cada año que pasa las añoranzas van siendo un poco más complejas. Y entonces, cuando vuelves a ver a tus amigos empiezas a contar batallitas e historias de años atrás y te das cuenta de que son muchas, de que ya no eres un crío.

Me da miedo pensar que otra vez de repente, mañana me levante y me dé cuenta de que tengo treinta y cinco años y a penas me he enterado. Me da miedo dejar de lado la parte infantil que, afortunadamente, aún sigo manteniendo, si no toda, una parte de ella. Creo que nadie debería perderla, pues cuando más disfrutamos es cuando la sacamos, cuando hacemos el tonto, cuando perdemos el ridículo.

Luego está la otra cara de la moneda, el no frustrarse por cumplir años. Alabo a toda esa gente que tan felizmente te dicen: No hay que temer cumplir años, de hecho, alégrate, mejor cumplirlos que no cumplir.

Aún así me alegro de poco a poco ir convirtiéndome en una persona madura, en un hombre. Saber que la educación que has recibido ha sido correcta, que te ha llevado por el buen camino, que te ha llevado a ser una buena persona y, con ello, dar las gracias a toda esa gente que ha velado por eso... Pero es inevitable echar la vista atrás y añorar esa época. Y sin duda, uno de mis deseos, si pudiera realizarlos, sería pedir durante un día completo volver a tener ocho o nueve años. Volver a tener el pelo rubio con el “pelado a tazón”, volver a tener pequitas por la nariz. Dejaría que mi madre me volviera a vestir a su antojo con ese polo a rayas horizontales azul y negro que recuerdo, mis bermudas negras y mis converses azules. Y durante esas veinticuatro horas volvería a jugar con mi hermano sin parar.

Desgraciadamente solo mis recuerdos pueden llevarme a ese tiempo. Ahora la ley de la vida me reserva otros planes. Nuestras expectativas y metas cambian y cambiarán con el tiempo. Lo único que espero es que todo este camino me lleve a ser una persona responsable, segura de sí misma, orgullosa de sus logros y, sobre todo, con la capacidad de querer a toda la gente que le rodea.

Pero por favor, Peter Pan, nunca, NUNCA, me abandones.

30 jun 2011

[Actualidad] ¡¡El verano ya llegó!!

Aquí estamos otra vez, bastante tiempo después, y con la diferencia de que ahora, en mi habitación, el termómetro de mi reloj de los chinos marca 32 grados. De noche y de día, ¿eh? da igual. Esto es un calvario, un infierno y una sauna, todo junto. Aunque mira, igual todo esto me abre los poros de la piel y me la deja lisita, ¿o no? xD.

Pues esto solo es síntoma de que el verano ya está aquí. ¡Yujuuuuu! Por fin. Calor, piscinas, mar, terrazas, amigos, el tostado de la piel, y este año puedo añadir la palabra VACACIONES.
Sí, este verano se presenta movidito, como cada año ahí están las fiestas de mi pueblo del 22 al 26 de Julio, y el mismo 26 subiré de vuelta a la Capi, para, al día siguiente, coger un avión con la amiga Ana, ¡rumbo a la isla de Mallorca! ¡A hacer locuras! Con las Mari Lolis que allí nos esperan, y durante una semanita. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar!

Pocos planes previstos más. Pero mi verano anterior no tuvo nada previsto, y aunque no tuvo vacaciones largas ni mas allá mi zona, tuvo días increíbles con mis amigos. Días que espero igualar y mejorar este verano y añadir los ansiados días en Mallorca.
Así que señores, señoras, espero que el verano pase muuuuuuy lento, pero no como síntoma de aburrimiento, sino de que tenga tiempo para disfrutar cada momento, saborearlo y que no se acabe en un plis plas. Porque ya habrá tiempo de que llegue Septiembre y haya que volver a Madrid camino de un invierno deprimente. Siempre hay tiempo para el invierno (anda, si parece el título de una peli), el verano y el calor son demasiado cortos en comparación al frío y a la lluvia, a los días cortos, nublados y largas y frías noches.

A medida que la gente se está marchando a sus respectivos hogares para pasar estos meses de estío, yo sigo aquí, agonizando con el calor, leyendo mis novelas históricas que al menos me alivian sumergiéndome en las diferentes épocas que describen. Pero en apenas unos días yo también me iré de aquí. Aunque me da tal pereza hacer maleta, sufrir las cinco horas interminables de autobús, etc. que no os podéis hacer una idea. Mi duda es: ¿Me llevo la play o no? xD

Pues nada chicos y chicas, o chicas y chicos, como queráis, os deseo a tod@s que paséis el mejor verano de vuestras vidas.